OPINIÓN
Por Javier Aviña Gutiérrez
Enero 2008
La Prensa en estas Fechas
Entre las noticias del mes de diciembre pasó casi desapercibida la muerte del cardenal brasileño Aloisio Lorscheider, un gran defensor de los pobres, así como la secuencia de noticias publicadas por el diario Reforma sobre el allanamiento y robo que sufrió la diócesis de Saltillo que preside el obispo Raúl Vera. Ignoro si ya hubo un pronunciamiento de la Conferencia del Episcopado Mexicano en solidaridad con él, pero creo que no ha habido tal, lo cual no sería nada raro en lo que toca a un obispo que parece incomodarles.
Y ya entrados en este tema, la revista Proceso en su número 1625 (23 de Diciembre de 2007) publicó una serie de artículos sobre la relación existente entre al menos una parte de la Iglesia Católica y el Ejército Mexicano. En el reportaje El Ejército y la Iglesia se abrazan, se menciona un templo católico específico, “Cristo de la Paz” localizado en Periférico y Av. Legaria (Ciudad de México) el cual aloja a la principal capellanía de la Iglesia católica para el Ejército Mexicano al que, según el reportaje, se le han incorporado trabajos artísticos para modificar creaciones y símbolos meramente castrenses y darles un sentido religioso , como el caso del vitral Del cielo a la misión, que fue inagurado el 30 de julio del 2007 por el obispo auxiliar de México, Abelardo Alvarado Alcántara y que se encuentra enmarcado entre los distintos escudos de la Fuerza Aérea Mexicana. Los invito a visitar este templo para comprobar si todo aquello que afirma el reportaje es cierto.
En otro de estos artículos (El retorno de los Templarios, firmado por Rodrigo Vera) se hace mención del apoyo otorgado por los obispos de Puebla y la Ciudad de México (así como por el obispo Antonio Chedraoui, de la Iglesia Ortodoxa Antioqueña) a un grupo de ultraderecha que se dice heredero de los templarios y es dirigido en México por Roberto Molinari Kroker, un general argentino de la época en que la jerarquía católica argentina se llenó las manos de sangre apoyando la dictadura militar.
En contraste, Javier Sicilia muestra en Evangelio, anarquía y conspiración (Proceso, 30 de diciembre de 2007) como el cristianismo se mueve fuera de los espacios del poder, mientras que el artículo de Enrique Maza Miedo, impotencia y Dios (Proceso, 30 de diciembre de 2007) también arremete contra un falso cristianismo de corte constantiniano del que la jerarquía católica mexicana y el presidente Felipe Calderón parecieran ser herederos.
También quisiera destacar el artículo que Roberto Blancarte publicó en el número 128 de Hoja por Hoja (www.hojaporhoja.com.mx) sobre Joseph Ratzinger, pues estaría mostrando como Benedicto XVI contrasta el relativismo postmoderno con un pensamiento unívoco e integrista (Mauricio Beuchot respondería a lo equívoco con lo análogo). Blancarte mostraría también que Ratzinger tiene una tendencia a considerar la encarnación como un epifenómeno, como algo secundario (por supuesto, sin negar la encarnación), privilegiando la divinidad de Jesús de Nazareth.
En contraste habría que leer el artículo de Enrique Dussel De un inmigrante y exiliado político: Joshúa de Nazareth ( La Jornada, 27 de diciembre de 2007) así como la serie de tres artículos de Patricia Gutiérrez Otero y Javier Sicilia en la Revista Siempre! (La encarnación de lo no-encarnable, 23 y 30 de diciembre de 2007 y 6 de enero de 2008) sobre la primacía de la encarnación, en tanto que Enrique Dussel (al igual que en su momento lo hizo el teólogo Jon Sobrino) resaltaría el aspecto socio-político de esta encarnación.
Estos ensayos recuerdan la polémica que tuvo Martín Heidegger con teólogos como Francisco Suárez. Debemos recordar que Avicena, Duns Scoto y el mismo Suárez no consideraban importante la separación real entre esencia y existencia y consideraban la existencia un mero epifenómeno, una mera consecuencia de la esencia. En contraste Tomás de Aquino separaba la esencia (essentia) de la existencia (esse), considerándolas distintas realmente y privilegiando la existencia (obviamente el asunto es más complejo y estoy simplificando, el esse tomista no es exactamente la existencia, como bien ha señalado Echauri).
Heidegger tenía razón en su rechazo a estos filósofos esencialistas (entre los que además de Suárez debemos contar a Friedrich Leibniz y Christian Wolff) pero filósofos como Etienne Gilson (El ser y la esencia) subrayaron que Heidegger no podía acusar al Aquinate de lo mismo que acusaba a Suárez. Posteriormente Raúl Echauri (cfr. Heidegger y la metafísica tomista y www.um.edu.ar/um/resenia/rese01/ECHAURI.htm , Ramón Kuri Camacho (Metafísica medieval y mundo moderno) o John Caputto (Heidegger and Aquinas) también protestaron contra esta “desexistencialización” (como en otro contexto lo hicieron también Soren Kierkegaard y Karl Marx).
Sirva esta digresión sólo para intentar hacer un símil que permita comprender el problema que tendría Ratzinger en su libro sobre Jesús de Nazaret, pues no tengo elementos suficientes para hacer un análisis más profundo de la teología de Ratzinger, pero el artículo de Blancarte podría dar la pauta para intuir de qué pie cojea Benedicto XVI y su terror personal a encarar las realidades concretas del mundo en donde, a su pesar, también sopla el Espíritu.
Finalmente, aquellos que piensen que el análisis del fenómeno religioso no es importante para comprender el estudio del mundo moderno, sírvanse leer el artículo de Jesús Silva Herzog Márquez titulado De teología y política publicado en el periódico Reforma el 24 de diciembre pasado.