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¿EXISTE UN CONFLICTO ENTRE CIENCIA Y RELIGIÓN?

¿EXISTE UN CONFLICTO ENTRE CIENCIA Y RELIGIÓN?
Fís. Adolfo L. Orozco Torres
Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada-UNAM

INTRODUCCIÓN

1 Al Principio Creo Dios los cielos y la tierra.
2
La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.
3
Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz.
4
Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas”1

(Génesis I 1-4, Sagrada Biblia,
Nacar y Colunga, XIV Edición, 1963)

Cuenta la historia que cuando Albert Einstein oyó por primera vez, de boca del astrofísico Georges Lemaitre , la hipótesis del Big Bang, para explicar la expansión del universo, se levantó entusiasmado aplaudiendo y expresó: “Es la más bella descripción que he oído sobre la creación del Universo”.

Es esta una de las innumerables anécdotas en el campo de la investigación científica que nos muestra cómo, cuando la ciencia, o mejor dicho, los científicos excursionan más allá de la simple observación o catalogación de hechos y del establecimiento de las relaciones causa-efecto, hacia la elaboración de modelos o construcciones teóricas que engloben conjuntos diversos de fenómenos, tarde o temprano se encuentran en la frontera entre la física y la metafísica, entre la búsqueda y clasificación de relaciones generales que aglutinen el mayor número de observaciones diversas en un pequeño número de leyes o relaciones generales y el significado de estas relaciones en el esquema global del Universo.

En este marco amplio surge casi invariablemente en la mente del científico una disyuntiva cuya respuesta está más allá del alcance del método científico y de las técnicas de observación de las ciencias naturales. El Universo, entendido como el conjunto de toda la materia y la energía existentes y las relaciones de intercambio mutuas entre sus diversos componentes, este Universo: ¿Ha existido siempre? ¿Surgió por si mismo? o ¿Empezó a existir (cualquier cosa que esto signifique) en algún momento dado del pasado?

Cualquier respuesta que se de a estas preguntas, enfrenta al científico con alternativas por demás incómodas e inquietantes:

Si el Universo empezó a existir en algún momento dado del pasado ¿Había algo antes? ¿o  … nada? ¿Y que significa la nada? ¿Y como salió de la nada? y ¿si empezó a existir en el pasado, dejará de existir en algún momento dado del futuro?, preguntas que surgen espontáneamente y para las cuales no hay respuesta obvias.

Pero por otro lado, si el Universo no tiene un inicio, esto implica que ha existido siempre, y que existirá para siempre. Pero este concepto “siempre”, en nuestro marco de referencia es muy relativo. “Siempre sale el Sol” decimos, expresión utilizada para dar a entender algo seguro, pero hace más de 5 millones de años no había quien fuera conciente de si salía el Sol o no, y antes de 4,500 millones de años no había Tierra para que saliera el Sol, y antes de 5,000 millones de años no había Sol siquiera.

Aún más. Vivimos en un universo de objetos perecederos. Nuestros sentidos y nuestra ciencia nos dice que nada es para siempre –nada y siempre, dos palabras muy contundentes y que reflejan la paradoja de la que estamos hablando- las flores duran algunos días, los árboles algunos años, las civilizaciones algunos milenios, las montañas algunos millones de años y las estrellas algunos miles de millones de años, pero todo –todo, otra bella palabra- todo, es perecedero, todo cambia, todo muta, todo se acaba, ¿porqué el Universo había de ser la excepción?

Podemos decir que las respuestas a estas preguntas sobre si el Universo es eterno o no, serán siempre especulativas, como deben ser por su propia naturaleza. Ningún ser humano, que es quien se hace preguntas, podrá responderlas nunca en forma definitiva. la ciencia experimental no podrá, formalmente, responder si el universo tuvo un origen, y no podrá responder si tendrá un final, pues el futuro siempre tendrá un espacio de incertidumbre.

¿Origen y fin del Universo?

Pero analicemos desde le punto de vista de los datos científicos y lógicos de que disponemos, que tanto podemos adentrarnos en estas interrogantes. ¿Puede el Universo haber existido desde siempre? La Lógica nos dice que no. La lógica y la matemática nos dicen que el universo no puede haber existido indefinidamente hacia el pasado. ¿Por qué? Por la simple razón de que si el Universo hubiera existido desde un tiempo infinito en el pasado nunca habríamos llegado al momento actual, pues para eso se requeriría que hubiera transcurrido un tiempo infinito.

Por otro lado, hay datos científicos y leyes naturales que apuntan hacia el hecho de que este Universo “se puso a andar” en algún momento dado del pasado, y se va a detener en algún momento dado del futuro.

Durante la primera mitad del siglo XX, el crecimiento explosivo de la astronomía y la física dio lugar a la Astrofísica, y el estudio de los espectros luminosos de las estrellas y de las galaxias demostró que el Universo se encontraba en expansión. ¿Qué quiere decir esto? Que todas las estrellas y galaxias se están alejando unas de otras, como puntos sobre un globo que se está inflando. Este descubrimiento del “Corrimiento al rojo” de los espectros estelares es uno de los “Hechos duros” de la Astrofísica contemporánea más firmemente establecido.

La expansión del Universo llevó al astrofísico Georges Lemaitre a elaborar su hipótesis del Big Bang. Invirtiendo el movimiento del Universo hacia el pasado, en algún tiempo anterior (hace aproximadamente 15,000 millones de años de acuerdo a las estimaciones actuales) toda la materia debió haber estado concentrada en un punto de dimensión infinitesimal con una densidad increíblemente grande –el Átomo Primigenio- que en un momento dado explotó en una gran explosión, el Big Bang, dando inicio, por así decirlo, a la evolución de todo el cosmos. Este modelo es con mucho, el más aceptado por la comunidad científica internacional. Si bien existen muchas preguntas sobre el qué, el cómo, e incluso el cuando del Big Bang, baste constatar por el momento que para la astrofísica moderna, nuestro universo si tuvo un principio, se “puso a andar” hace aproximadamente 15,000 millones de años.

En la otra dirección, hacia el futuro, también la ciencia nos indica la existencia de un “final”. La 2ª Ley de la Termodinámica nos dice que el Universo se va a “detener” en algún momento dado del futuro, la llamada “Muerte Térmica del Universo”

¿Qué significa esto?, Trataré de explicarlo. Resulta que todos los procesos naturales del universo ocurren en forma natural en una “dirección” determinada” Los objetos caen a la posición más baja posible, el agua fluye hacía abajo por la pendiente de máximo gradiente, el calor fluye de los objetos calientes a los objetos fríos, Todos los sistemas mecánicos tienden naturalmente a estar en su configuración de mínima energía potencial.

Estos fenómenos los estudia la termodinámica definiendo una entidad llamada “Entropía”, que en forma coloquial se dice que es una medida del desorden, de la cantidad de energía que se ha convertido en energía térmica azarosa no utilizable para producir trabajo mecánico. Cuando una pelota es soltada, cae al suelo y rebota, pero nunca llega a la misma altura de la que fue soltada. ¿Qué pasó con la energía potencial que tenía antes de soltarla? una parte se recupera durante el rebote, pero otra parte se “pierde” en calor, calentando la pelota y el suelo. La energía total no se ha alterado, sólo que ahora una parte se convirtió en calor y ya no puede utilizarse para convertirla en energía cinética y que la pelota regrese al punto inicial en que fue soltada. La 2º Ley de la Termodinámica nos dice que ningún sistema mecánico operando en ciclos puede al final de cada ciclo recuperar toda la energía potencial que tenía al principio, siempre alguna parte de esa energía se ha convertido en energía no utilizable, en calor,  de modo que la eficiencia mecánica de un sistema nunca puede ser del 100 %, y esto implica que en todos los sistemas naturales la entropía del universo siempre va en aumento.

Pero podrá decir alguno de ustedes. ¿Y los refrigeradores? ¿No le sacan calor a los cuerpos calientes y se lo pasan a los fríos? Sí, es cierto, en ciertos sistemas abiertos es posible que la entropía disminuya, pero siempre será a costa de un aumento mayor en otra parte del sistema o en un sistema anexo. La producción de la energía eléctrica necesaria para el funcionamiento de un refrigerador implica un crecimiento mayor de la entropía que la reducción que se produce en el propio refrigerador.

Cuando se lleva estos procesos a escala cósmica, resulta que el Universo en su conjunto es un Sistema Cerrado, esto es, no hay nada extra al propio universo. Si algún  día descubriéramos algo que aún no hemos incluido, agrandaremos nuestro sistema para incluirlo de modo que nuestro UNIVERSO con mayúsculas sea el conjunto de toda la materia y energía que lo componen y será por tanto un SISTEMA CERRADO. En este contexto, la 2ª Ley de la Termodinámica nos dice que la Entropía del Universo irá siempre en aumento y, como la energía del mismo es finita, llegará un momento en que esta entropía alcance su máximo de máximos. En ese momento, el Universo se detendrá, la temperatura general se habrá estabilizado y ya no podrá haber intercambios térmicos entre una parte y otra del sistema más allá de los límites establecidos por el movimiento azaroso térmico propio de las partículas. Esta es la llamada “Muerte Térmica del Universo”

Para concluir esta parte de la exposición, resumiría diciendo que, hasta el estado actual de la ciencia, en su sentido más amplio, los datos científicos apuntan hacia un universo finito en el tiempo, tanto hacia el pasado, como hacia el futuro y que, hasta el momento, la visión alternativa es especulativa y no concuerda con los datos de que disponemos.

LA CIENCIA Y LA RELIGIÓN

Abordemos ahora algunas reflexiones sobre las relaciones de antagonismo o concordancia entre la Ciencia y la Religión, o entre científicos y religiosos para ser más explícitos. Es un tema sumamente amplio, pero sobre todo, fuertemente controvertido. Para muchos científicos, intelectuales y personas progresistas, les parece evidente que entre la ciencia y la religión no puede haber más que antagonismo, pues son visiones contrapuestas de la realidad. Y como la ciencia es una actividad acumulativa, pujante y en constante renovación y crecimiento, es indudable que tarde o temprano desplazará completamente a la religión, volviéndola inútil al no requerir más la humanidad de explicaciones sobrenaturales o ya no necesitar un ser trascendente a quien recurrir para resolver sus dudas o incertidumbres existenciales. Pero aún más, para esta visión del mundo, la religión ha sido siempre un obstáculo para la ciencia y el avance del conocimiento de la humanidad oponiéndose a que ésta, la ciencia, rompa las cadenas de ignorancia y superstición que mantiene a los individuos esclavizados a visiones dogmáticas y supersticiosas de la realidad. Ejemplos de esto se citan continuamente: Galileo, Copérnico, la evolución, el Sistema Geocéntrico del Universo, etc., etc., etc.

Sin embargo, para otros, entre los cuales se incluyen también muchos científicos, intelectuales y personas progresistas, líderes de opinión en los campos de la cultura y el arte, la Religión y la Ciencia no pueden estar peleadas. Para estas personas, los avances de la ciencia no hacen más que poner cada vez más de manifiesto las maravillas de la creación y la complejidad de la estructura íntima de la vida a nivel molecular y de la organización de los sistemas estelares. Conforme la Astrofísica penetra en las profundidades del Cosmos revela la magnificencia de este universo a gran escala, y los estudios de la genética y de la organización de la vida a nivel molecular revela la complejidad de los mecanismos vitales. Todo esto revela un Universo de una belleza y complejidad inimaginables y que sólo puede ser admirad y estudiado por seres capaces de estudiarla, conocerla y admirarla en su profunda diversidad, complejidad y belleza. Para estas personas, la ciencia y la religión son dos formas de acercarse a la realidad tangible y desde cada una de las cuales se puede aprender, y admirar, para ellos estas dos visiones no son contradictorias sino complementarias de una misma realidad más amplia que la simple realidad natural y les muestran una creación trascendente.

Y es curioso, pero es un dato cierto, que en cada una de estas visiones alternativas hay grandes científicos y grandes intelectuales. ¿Cómo es esto posible? De hecho, una mayoría de los científicos sobre los que descansa nuestra ciencia actual, han sido, sino sólo hombres de religión, si hombres con un sentido de trascendencia, de que hay algo más allá de lo que los simples sentidos naturales nos dicen. Desde grandes intelectuales como San Alberto Magno, pasando por Copérnico, Kepler, Galileo y Newton, hasta Einstein y Stephen Hawking, han sido creyentes fervientes algunos y otros personas con sentido de trascendencia como el mismo Einstein, quien sin ser practicante de ningún rito específico, si expresó de muchos modos el sentido de trascendencia que el estudio de la naturaleza le producía, al grado de pronunciar aquella frase de que “La Religión sin Ciencia es ciega, pero la Ciencia sin religión es coja”

San Alberto Magno fue considerado por Roger Bacon como “una autoridad” y sus obras como “Fuentes originales” La figura de San Alberto y la de Rogelio Bacon se destacan en el campo de las ciencias naturales, cuya finalidad, según dice el santo, consiste en "investigar las causas que operan en la naturaleza". Algunos autores llegan incluso a decir que San Alberto contribuyó aún más que Bacon al desarrollo de la ciencia. En efecto, fue una autoridad en física, geografía, astronomía, mineralogía, alquimia (es decir, química) y biología, por lo cual nada tiene de sorprendente que la leyenda le haya atribuido poderes mágicos. En sus tratados de botánica y fisiología animal, su capacidad de observación le permitió disipar leyendas como la del águila, la cual, según Plinio, envolvía sus huevos en una piel de zorra y los ponía a incubar al sol. También han sido muy alabadas las observaciones geográficas del santo, ya que hizo mapas de las principales cadenas montañosas de Europa, explicó la influencia de la latitud sobre el clima y, en su excelente descripción física de la tierra demostró que ésta es redonda.

¿Qué decir entonces de esta contradicción o cooperación entre ciencia y religión? Este encuentro no permite entrar a fondo en este tema, pero permítaseme decir en mis palabras, lo que muchos científicos, filósofos y teólogos han dicho: “Entre la Ciencia y Dios no puede haber enfrentamiento” ¿Por qué? La ciencia es una actividad humana dedicada al conocimiento explicación y explotación de los recursos del universo en el que estamos. Sus métodos  de trabajo están diseñados para el estudio de la materia y la energía en sus diversas manifestaciones y las relaciones de interacción mutua entre sus diversas partes y componentes. Si existe una realidad sobrenatural, esto es algo que está más allá de la materia, una realidad inmaterial, espiritual o trascendente como quiera llamársele, esta realidad se encuentra más allá del alcance de los instrumentos y de la metodología de la ciencia de modo, que estrictamente hablando las ciencias naturales no pueden decir nada sobre estas realidades ‘sobrenaturales’ pues están fuera del alcance de sus instrumentos. En este sentido, contra lo que piensa mucha gente, la ciencia no puede demostrar que Dios existe, pero tampoco puede demostrar que Dios no existe. Tratar de abordar la existencia de Dios por las ciencias naturales es como pretender llamar por teléfono usando un desarmador, son instrumentos hechos para cosas diferentes. Para estudiar a Dios se requiere de la Teología y para estudiar el Universo se requieren las ciencias naturales y cada una estudia una cara diferente del cubo de la realidad.

Así pues para los científicos creyentes, que consideran a Dios creador del Universo y de las leyes que lo gobierna, el estudio del mismo, mal puede alejarlos de Él. Al contrario, mientras más se conoce la creación, mas se admira al creador. Para los científicos ateos o indiferentes, en tanto no pretendan extender sus conclusiones más allá del campo específico de las ciencias naturales, no hay por que preocuparse por un posible encuentro o conflicto con los creyentes.

¿Qué es lo que sucede entonces? Que en realidad los conflictos entre ciencia y religión, son más bien conflictos entre científicos y religiosos y no entre la ciencia y la religión. Los conflictos han surgido cuando los religiosos se han sentido amenazados en sus concepciones particulares por los descubrimientos de algún científico, o cuando los científicos han sentido que los religiosos se entremeten inconvenientemente en sus estudios y pretenden limitarlos, detenerlos o desacreditarlos. Y en la historia de la humanidad estos conflictos han menudeado en muchas épocas. desde luego uno de los más notables ha sido el caso de Galileo y la teoría heliocéntrica del universo que lo llevó hasta el tribunal de la Inquisición, conflicto que ha sido por cierto mitificado en grado extremo por los que consideran que la religión se opone al avance de la ciencia

No podemos entrar en detalle al caso específico, pero a casi 400 años de este conflicto y a la vista de que Galileo tenía la razón y por lo tanto ganó finalmente en este enfrentamiento, ¿La religión se ha destruido? A lo más que podemos llegar es al hecho de que Su santidad Juan Pablo II pidió perdón por la forma como las autoridades eclesiásticas de su tiempo trataron a Galileo, pero ni la ciencia se detuvo, ni las bases del cristianismo cambiaron por el triunfo de Galileo. ¿En que consintió el conflicto? no fue un enfrentamiento entre la Ciencia y la Religión, fue un conflicto entre un científico, Galileo, y los teólogos y las autoridades eclesiásticas de su tiempo. Dado que los estudios de Galileo y sus observaciones con su telescopio, lo convencieron de que la hipótesis heliocéntrica de Copérnico era cierta, Galileo pretendió darles cátedra a los teólogos de su tiempo de como debía leerse la Biblia cuando de temas científicos se tratara. Ahora bien, Galileo era bastante sarcástico es su forma de argumentar y esto junto con el conflicto que la Iglesia tenía en esos tiempos con los protestantes y la libre interpretación de la Biblia produjo el choque. Pero este choque no fue entre la Ciencia y la Religión, pues ya se ve que a la fecha siguen ambas tan campantes, fue un conflicto entre Galileo y los teólogos, en el cual, quien tenía la razón era Galileo. Ganó en su tiempo, quien tenía el poder (como casi siempre), pero a larga ganó quien tenía la razón.

Lo mismo puede decirse del conflicto entre la Teoría de la evolución y los creacionistas, principalmente protestantes americanos. Pero nuevamente no es un problema entre la Ciencia y la Religión. Hay activistas evolucionistas que han tomado la Teoría de la Evolución como un ariete contra los ‘oscurantistas’ y hay quienes atacan la teoría de la evolución como un gran peligro para sus concepciones religiosas. En realidad, conforme los estudios genéticos, arqueológicos y antropológicos vayan avanzando, se llegará a la conclusión que la evolución de las especies, como realmente haya sido, es compatible con las concepciones religiosas de un Dios creador.

Considero pues que en este punto, no existe un enfrentamiento, un conflicto esencial entre la Ciencia y la Religión, ambas son manifestaciones diversas de una misma realidad, vista desde distintos puntos de vista y los conflictos son más bien entre personas con distintas visiones de la realidad, frecuentemente dogmáticas por ambas partes. Y que cuando uno profundiza en los conceptos generales de la Ciencia, esto nos lleva a enfrentarnos con la posibilidad de la existencia de una realidad trascendente más allá del simple universo material.

El Encuentro entre la Física y la Teología (El Caso Kepler)

(Esta parte del texto se sacó básicamente del libro: “Preguntas de la Física a la Teología”. Norbert Schiffers, Herder, 1972)

Como un ejemplo de cómo surgen estos conflictos analicemos el caso de Johanes Keple. En su “Astronomía nova seu physica caelestis” plantea que para el esquema de la imagen del universo, no cuentan en la física, ni las autoridades, ni sus esquemas metafísicos. En una concepción sintética del universo, sólo deben tener peso, en adelante, los argumentos racionales que deben ser presentados como causas físicas. Según su ‘análisis’ la nueva imagen del universo debe basarse también en razones que son, como los datos de observación, de naturaleza matemática.

Kepler sabe evidentemente, que los datos analíticos no dan por si solos, una imagen sintética del universo. Es preciso situar la multiplicidad de observaciones individuales bajo una perspectiva general que garantice como idea-modelo, la unidad de la concepción del universo.

Ahora bien, esta idea-modelo no puede obtenerse por la simple yuxtaposición de los datos observados, porque en este ámbito, el todo es mayor que la suma de las partes. Debe encontrarse pues un principio de la naturaleza a partir del cual se obtenga la unidad de la concepción del universo. Así se abre el nuevo camino de los físicos hacia la síntesis: describir la imagen del mundo en una fórmula matemática,, de tal forma que los resultados  de los cálculos puedan ser rectificados con ayuda de las observaciones. ESTE NUEVO MÉTODO SE CONVIRTIÓ NECESARIAMENTE EN UNA SÍNTESIS INDUCTIVA DE LA IMAGEN DEL UNIVERSO.

Por otro lado, este nuevo método inductivo llevó a Kepler a enfrentarse, desde su propia visión del mundo a la doctrina de la creación, expresada en el embalaje tradicional metafísico-dogmático. Tratando de resolver esta contradicción, Kepler pretendió, aunque desafortunadamente, esbozar una nueva teología y a defenderla contra los dogmáticos.

Para Kepler, la geometría se convirtió en la causa unificadora: “Grande es la confianza del espíritu, doquiera se le revela el orden, cuya fundamentación causal debe buscarse en las fuentes últimas de la geometría” ( Kepler, Obras Completas, I, 286)

Así, Kepler pregunta a la teología si la Revelación no podría encerrar en sí misma, junto a su carácter de palabra, un carácter de geometría: “La Geometría, eterna como Dios, y esplendente desde el divino espíritu, ha proporcionado a Dios las imágenes para la configuración del mundo, a fin de que éste fuera el mejor, el más hermoso y semejante al creador” (O.C., VI, 104s)

El entusiasmo de Kepler por la geometría lo llevó a proponerla como norma o modelo incluso para los sistemas de gobierno, las modas, las leyes del matrimonio, y a esbozar una teología de la salvación horizontal a través de la geometría.

Esta concepción Kepleriana de de la belleza del universo, manifestada y expresada a través de la geometría, tiene un paralelo natural en el asombro y la admiración que muchos físicos, matemáticos, astrofísicos y biólogos, entre otros, expresan ante el orden, la complejidad, la belleza y la magnificencia de la naturaleza, desde los aspectos más íntimos de la materia y de la vida, hasta la grandeza del universo en expansión. El mismo Einstein llegó a expresar que lo que más le maravillaba del universo, es que pudiera ser descrito matemáticamente.

Sin embargo, evidentemente, estas concepciones de Kepler en el campo de la Teología (Que no era su campo de especialidad), lo llevó a enfrentarse con los teólogos de su tiempo, dándonos un ejemplo de los conflictos entre científicos y religiosos, que no entre ciencia y religión.

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO

Esbocemos ahora, aunque sea esquemáticamente, uno de los temas que más ha despertado conflictos entre los científicos actuales y que para muchos tiene una implicación trascendente, el llamado “Principio Antrópico”. En los años 60’s, un joven cosmólogo y físico teórico inglés publicó un modesto trabajo sobre la forma de las leyes de la física, preguntándose “Supongamos que las leyes de la física hubieran sido ligeramente diferentes de lo que son, en un aspecto, o en otro, ¿Cuáles serían las consecuencias?

Específicamente, los cálculos de Carter sugerían que si las leyes de la física hubieran diferido sólo ligeramente de lo que hemos descubierto que son, entonces, la vida no habría sido posible y el universo hubiera pasado desapercibido. En efecto, dijo Carter, nuestra existencia depende, en cierta medida, de un ‘ajuste fino’ de las leyes naturales. Paul Davies, físico y cosmólogo, investigador de la Universidad Estatal de Arizona, llama a esto el efecto “Ricitos de Oro”. Carter, en su trabajo original lo llamó “El Principio Antrópico”, aunque como él mismo lo reconoció, no quería referirse específicamente a que esta ‘Sintonía Fina’ en su trabajo se refiriera al hombre sino más bien a la vida en general.

Un ejemplo de esta sintonía fina podríamos verlo en la Ley de la Gravitación Universal de Sir Isaac Newton. Como todo sabemos, de acuerdo a esta ley, todos los cuerpos del universo se atraen unos a otros con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. Se han desarrollado muchos experimentos para determinar si el exponente de la distancia es EXACTAMENTE 2 o un número ligeramente diferente, mayor o menor. Hasta una precisión de 10-10 no se ha encontrado ninguna diferencia. ¿Que pasaría si realmente existiera esa diferencia y el exponente no fuera exactamente igual a 2? Que la vida no podría haber existido, de hecho ni siquiera las estrellas. Si el exponente fuera mayor que 2, la fuerza gravitacional sería ligeramente mayor que la actual y entonces el universo no podría haber expandido, Por otro lado, si el exponente fuera ligeramente menor de 2, la fuerza gravitacional hubiera sido más débil y los elementos constitutivos de la materia no podrían haberse agrupado y tendríamos un conjunto de partículas dispersas.

Otro ejemplo lo podemos ver en lo igualdad entre la llamada “masa inercial” y la “masa gravitacional” La masa inercial es la propiedad de la materia responsable de la inercia, esto es, la resistencia que presenta el cuerpo a cambiar su estado de movimiento, mientras que la masa gravitacional es la propiedad responsable de la fuerza con la que un cuerpo determinado atrae, gravitacionalmente hablando, a otro cuerpo. Conceptualmente estas masas no tienen por que ser iguales, pero resulta que todos los experimentos realizados hasta la fecha no han encontrado ninguna diferencia a precisiones muy altas. ¿Por que son iguales? Si no fueran iguales sucedería algo semejante que con el exponente de la fuerza de atracción gravitacional. No podrían haberse formado moléculas complejas, la tierra y los planetas no podrían tener órbitas estables, y en una palabra todo el universo estaría incapacitado para dar lugar a las formas más elementales de vida.

Las discusiones provocadas por el trabajo de Carter dieron lugar a la publicación de un sinnúmero de artículos y libros al respecto. En particular en 1979, Martin Rees y Bernard Carr, publicaron su famoso trabajo “The Anhtropic Principle and the Structure of the Physical World” (El Principio Antrópico y la Estructura del Mundo Físico) en la página 605 del Volumen 278 de la Revista Nature. Desde entonces el tema se ha polarizado, pues los científicos ‘ateos’ vieron en esto un intento de introducir a Dios o un ser superior, responsable de haber ‘sintonizado finamente’ el universo para dar lugar al surgimiento de la vida y promovieron fuertemente la hipótesis de una evolución ciega en la cual los avances evolutivos se producen por mutaciones aleatorias y no se requiere la presencia de ningún principio director de la evolución.

En 1986 apareció un estudio más sistemático y completo: “The Anthropic Cosmological Principle” (El Principio Antrópico Cosmológico), de John Barrow y Frank Tipler que le echó más leña al fuego al presentar nuevas evidencias hacia la “Sintonía Fina” Los modelos cosmológicos están basados en un pequeño conjunto de constantes universales como la masa del electrón, su relación con la masa del protón, la Constante de la Gravitación Universal, la constante de Planck, etc. Dependiendo del científico, el número de parámetros básicos va desde 6, pero en ningún caso rebasa los 20 parámetros. Si cualquiera de estos fuera ligeramente diferente, el universo, tal como lo conocemos no podría haber existido. También hay que mencionar que, aunque se sigue llamando Principio Antrópico, todos estos estudios están más bien encaminados a resolver que efectos tendría para la estructura del universo el cambio en los parámetros fundamentales y como consecuencia de ello –y sólo como consecuencia- si estos efectos influirían o no en el surgimiento de la vida y en que forma la afectarían.

A la publicación del libro de Barrow y Tipler hubo un fuerte embate de los anti-antrópicos que puso en serias dudas sus planteamientos, sin embargo, desarrollos posteriores en la física de partículas de altas energías y en modelos cosmológicos, particularmente en el estudios de los primeros instantes del Big Bang, dieron lugar a interrogantes sobre que tan universales son las leyes de la física que hemos descubierto. Se empezó a hablar de ‘multiversos’ en lugar de universo, de modo que cada multiverso tuviera sus propias leyes ‘naturales’ y sus propios parámetros básicos. Estos resultados curiosamente les dieron esperanzas, tanto a los pro, como a los anti –antrópicos, pues esta nueva posibilidad parecía poder darles argumentos a cada uno de los grupos.

La realidad es que estos descubrimientos cosmológicos y en particular la confirmación de que la expansión del universo se está acelerando bajo la acción de una misteriosa ‘energía oscura’, está transformando nuestra visión del Cosmos y del lugar que la especie humana tiene en él.

EL DISEÑO INTELIGENTE

Otro concepto desarrollado a partir de los años 80’s es el del “Diseño Inteligente” del Universo. El punto central de este concepto es que las distintas partes del Universo y de sus componentes funcionan tan perfectamente y están sujetas a restricciones tan fuertes que todo parece indicar que el universo y su funcionamiento fue ‘Diseñado’ por un ser trascendente, todo poderoso. Esta idea, que desde luego tiene muchos puntos de apoyo ha sido atacada vigorosamente por un grupo de científicos, considerando que su introducción en el campo de la ciencia es una aberración. Al mismo tiempo y sobre todo en los Estados Unidos, grupos de fundamentalistas protestantes presionan políticamente en sus Estados respectivos y a las Cámaras legislativas para que el Diseño Inteligente sea enseñado en las escuelas como una teoría alternativa a la teoría de la Evolución, en aras de la libertad de expresión.

En este punto, para empezar, es importante distinguir lo que si es un ‘Diseño Inteligente’ que puede tener algún sustento objetivo y lo que no. Lo primero que hay que decir es que el concepto del Diseño Inteligente, no es una teoría científica, esto es, no es un postulado del cual se puedan plantear preguntas que puedan ser puestas al juicio de los experimentos. Tienen mucha razón quienes se oponen a que sea puesto al mismo nivel que la teoría de la evolución, que está siendo continuamente puesta a prueba por diversos tipos de investigaciones. El Diseño inteligente es más bien una reflexión que surge de la descubrimiento de la complejidad y precisión del funcionamiento de la naturaleza, junto con el asombro y la maravilla del propio universo.

De hecho y sólo a titulo de ejemplo, podemos mencionar que los estudiosos de las aves, mediante experimentos han descubierto que los huesos de las alas pueden soportar esfuerzos 1.6 veces mayores que aquellos esfuerzos máximos a los que se sujetan en condiciones extremas. Esto semeja a lo que los ingenieros llaman precisamente ‘Factor de Diseño’ en sus máquinas. Un ejemplo típico son los elevadores. Cuando en un elevador dice que el peso máximo que soporta es, por ejemplo, 750 kilos, en realidad esta construido para soportar 900 o 1000 kilos. La diferencia es el “Factor de Diseño” por si acaso en alguna ocasión se rebasa el peso máximo establecido. Este factor de diseño en la naturaleza se ha encontrado en muchos organismos y funciones vitales, como la resistencia de las venas, la capacidad respiratoria, etc. ¿Será posible que una evolución ciega y azarosa pueda producir este Factor de Diseño? Yo opino que no, que a lo más que esta evolución podría llegar es a que los huesos, por ejemplo resistieran el esfuerzo máximo al que alguna vez estuvieron sometidos pero no a un porcentaje adicional a ese esfuerzo máximo. Pero esta es mi opinión, cada quien tiene derecho a formarse la suya.

Quisiera referir lo que Owen Gingerich, Profesor Emérito de Astronomía e Historia de la Ciencia del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica dice sobre el Big Bang: “…cuando los astrónomos empezaron a apreciar una de las más sorprendentes características de este evento cósmico. El increíble balance entre la expansiva energía de la expansión y las fuerzas gravitacionales tratando de regresar todo a su estado original. Dado que en la expansión, cualquier ligera diferencia en alguno de los sentidos habría sido amplificada ampliamente, el balance inicial tuvo que haber sido tan preciso como una parte en 1059 –una diferencia de 1 entre un uno seguido de 59 ceros, cantidad incluso imposible de pronunciar- Si la energía de la expansión hubiera sido ligeramente menor, el universo se habría colapsado sobre si mismo, sin dar tiempo para que se formaran los elementos constitutivos de la vida, y de estos la producción de vida inteligente. Si la energía de la expansión hubiera sido mayor, es muy posible que la densidad y la atracción gravitacional se hubieran reducido tan rápidamente como para permitir la formación de las galaxias y las estrellas. El balance entre la energía de la expansión y la fuerza centrípeta de la gravitación tuvo que ser extraordinariamente exacto, como si el universo hubiera sido expresamente diseñado para el surgimiento de la humanidad” Esto es lo que los Astrofísicos y los Cosmólogos llaman “Ajuste Fino” Y más adelante dice “¿Puede un científico creer en el Diseño? Diría yo, sucede que no hay contradicción entre sostener una sana creencia en el diseño sobrenatural y trabajar como un científico creativo”.

Parafraseando a Galileo en su carta a la Gran Duquesa Cristina: “La realidad del mundo se expresa dualmente en el libro de las escrituras y en el de la naturaleza y estos dos grandes libros no pueden contradecirse uno a otro, porque Dios es el autor de ambos”. y concluye Gingerich “Y así como creo que el Libro de las Escrituras ilumina las acciones de Dios, También creo que el Libro de la Naturaleza, en todo su asombroso detalle –una brizna de hierba, la perdida masa 5, -refiriéndose a la dificultad de encontrar el Litio- o la increíble complejidad del ADN- sugiere la existencia de un Dios de intenciones y un Dios de Diseño. Y pienso que mis creencias no me hacen ser menos científico”

CONCLUSIONES

Considero por lo expuesto anteriormente que, en primer lugar, no existe oposición entre la actividad científica y la creencia o no en un Dios Creador, ya que hay científicos importantes en cada lado de la cuestión, Segundo: que para los creyentes, la inexistencia de este conflicto es asunto de razón y no de fe y para los incrédulos, debe ser un problema intrascendente en el sentido de que no creen en la realidad de un mundo sobrenatural.

Segundo, que los problemas entre ciencia y fe, ciencia y religión o entre razón y fe, como quiera llamársele, no son conflictos entre conceptos sino entre personas. Alguien de alguno de los dos lados piensa que alguien o alguienes, del otro lado, están haciendo algo mal, algo incorrecto, y se siente(n) en la obligación ética, moral o religiosa de defender “su” punto de vista, contra las pretendidas o reales agresiones de los otros. Cuando los teólogos se meten al campo de la ciencia, o viceversa, los científicos se meten al campo de la teología (aunque tengan razón, unos u otros), es muy probable que surjan los conflictos, pero en realidad, no son conflictos entre esencias sino entre atributos. Estos conflictos se vuelven cruzadas personales o colectivas contra los otros. Hay que ver como Richard Dawkins, quien se confiesa abiertamente ateo y hace gala de ello, ha emprendido una Cruzada de tintes casi religiosos contra el Diseño Inteligente. Estos conflictos surgen de posiciones personales irreductibles producto más de la formación personal o de las experiencias vividas que de la actividad científica o teológica ‘per se’.

Y finalmente, en lo personal, al contemplar la programación inherente en la estructura del ADN, al ver como funcionan los intercambios de iones sodio y potasio entre las aurículas y los ventrículos del corazón y al contemplar la armonía y la belleza de las galaxias y los cúmulos estelares, me cuesta realmente un esfuerzo sobrehumano tratar de pensar que todo este orden y belleza, haya surgido sólo, espontáneamente, nada más por que sí, sin un Creador y Ordenador y que la belleza hubiera estado ahí, sin que alguien, en algún momento dado de la historia del universo fuera a estar aquí para extasiarse en su contemplación.

Muchas Gracias.

 

Artículos de Opinión

Clave de este Documento: 0027B

Timoteo
Fís. Adolfo L. Orozco Torress

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