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La Relación Poder Político - Iglesias

La Relación Poder Político - Iglesias
Por Mons. Timoteo Torres

"De nada servirán las riquezas el día del juicio, pero la justicia libra de la muerte. La justicia endereza el camino del justo, pero el malvado cae por su propia maldad. La justicia libera a los hombres rectos, pero la codicia aprisiona a los traidores".

(Pr. 11, 4-6)

Habiendo celebrado la Pascua, después de ver y observar el llamado de numeroso hermanos en sufrimiento, de haber contemplado la miseria y pobreza de muchos pueblos y naciones, de observar y ver las guerras, conflictos y divisiones; la destrucción de nuestra casa común el planeta tierra,  la devastación y decadencia de los recursos naturales y el medio ambiente; lejos como estamos en nuestro ser de Iglesia de involucrarnos en la política, por ser nuestra función y misión la deificación del hombre mediante la transfiguración interior del ser humano, acudo por este medio para recordarnos a todos: ideologías, partidos, religiones, visiones, e instituciones cual debe ser nuestra principal, básica e indispensable vocación: La vida y la dignidad del genero humano, su desarrollo armónico y el bienestar de todos y en todo y el derecho a la paz y esta con justicia y dignidad, donde el hombre no sea lobo para el hombre y  la diversidad de pensamientos, no nos impidan el unificar esfuerzos por el bien y para el bien común; hoy, cuando aun estamos a tiempo de salvar nuestra  existencia, no solo desde el campo religioso, sino desde nuestra propia realidad de seres que ocupamos un lugar en el espacio y en el tiempo y que nos declaramos racionales y concientes, pensando que somos y seremos los responsables de labrar y trazar nuestro destino y el de las generaciones que nos sucederán.

Cuando se retiren a sus casas, cuando se reclinen sobre blandos lechos, cuando la luz brille espléndida por todas partes, cuando hallen preparada la buena mesa, acuérdense entonces de los miserables que andan deambulando como perros por las calles, entre las sombras y el barro; y de las calles frecuentemente no se van a sus casas junto a sus esposas ni a camas blandas sino a un montón de hierba como esos perros que oímos ladrar todas las noches (San Juan Crisóstomo).

Todas las naciones, todas las religiones, todas las instituciones, todas las visiones, todas las ideologías deben estar al servicio del genero humano y el bienestar de todos. El hombre debe y tiene la obligación de servir a su hermano sin promover y permitir que pase hambre, pobreza y miseria y mucho menos de tratar de imponer su visión y pensamiento por medio de la fuerza. El dialogo sincero y coherente, libre de sectarismos y con el mayor altruismo, permitirá que ya podamos encontrar caminos de entendimiento, pero si nos cerramos en nuestros propios dogmatismos e intereses individuales, seremos responsables de nuestra muerte.

 Entiende, hombre quien te ha dado lo que tienes, acuérdate de quien eres, qué administras, de quien has recibido, por qué has sido elegido entre otros. Has sido hecho servidor de Dios, administrador para los que son como tú, siervo de Dios; no te imagines que todo ha sido preparado exclusivamente para tu vientre, piensa que lo que tienes entre tus manos es cosa ajena. Te alegra por un tiempo luego se te escurre y desaparece; pero de todo se te pedirá estrecha cuenta (San Basilio el Grande).

 La historia nos pide y exige actuar con responsabilidad y entereza, sin ambiciones, sin ambigüedades y perezas; pues de no actuar ahora y en esta hora, seremos responsables por acción u omisión de esta tragedia que día a día nos encamina a una hecatombe mundial y sin precedentes.

El que ama a su prójimo como así mismo, querrá para él los mismos bienes que para sí, pues nadie va a querer para sí mismo males. Así, pues, el que ama a su prójimo pedirá en su oración y hará para su prójimo lo mismo que para sí; y prójimo del hombre no es otro que el animal racional, sometido a sus mismas pasiones, que es el hombre (San Justino).

  Hemos visto los rostros tristes de los niños y generaciones nuevas, los semblantes sin esperanza de hombres y mujeres que deambulan sin horizonte sobre la faz de la tierra; porque la más grave enfermedad que nos aqueja es la insolidaridad, inhumanidad, indiferencia e inclemencia. Todo liderazgo, ya gubernamental, social, académica, cultural  o religiosa, debe propender y comprender cual ha de ser su principal misión y vocación, la del servicio lejos de la ambición, imposición y discriminación.

¿Acaso es conveniente que, además de esta salud temporal, deseen para si dignidades y autoridades? En efecto, es honesto querer estas cosas si con ellas se busca el bien de los liderados, no por si mismas, sino por el bien que con ellas puede hacerse; pero no lo es si se desean por el fasto vano del orgullo, por la pompa infértil o una necia vanidad. (San Agustín de Hipona)

 Cuando la Iglesia levanta su voz no lo hace para involucrarse en la misión propia de los estados y gobiernos, sino para profetizar y anunciar la catástrofe que hoy construye nuestra forma de ser, proceder y actuar; realidad que nos dice que se ha apoderado de muchos espacios el sectarismo intransigente, la inclemencia e insolidaridad y que pareciese que a pesar de los signos reales de estos tiempos, no fuésemos capaces de reflexionar sobre nuestra propia autodestrucción por causa del egoísmo, odio, ceguera, ambición e imposición.

El mar conoce sus linderos, la noche no traspasa los términos de antiguo fijados. Mas el avaro no respeta tiempo, no conoce sucesión.  Antes bien imita la violencia del fuego: Todo lo invade, todo lo devora. Los ríos que salen de pequeñas fuentes, según se le unen afluentes, van aumentando poco a poco su caudal y tan enorme puede ser este que ya, con la violencia de su curso, arrastran todo lo que se les ponga adelante; así los que llegan a cierta grandeza del poder, por medio de los que ya tienen esclavizados, adquieren mayor fuerza para cometer iniquidades, y por medio de los ya agraviados, esclavizan los que quedan libres; de modo que para ellos el aumento de poder se convierte en arma nueva de maldad. (San Basilio el Grande)   

Todas las instituciones, deben procurar servir y vivir para beneficiar y fortalecer el crecimiento integral del ser humano y no promover la agresión, explotación y marginación del hombre por el hombre, sobre todo comprender, que la destrucción y ambición de unos desfavorece y perjudica a todos, ricos y pobres, ya que el cataclismo es global y  envenena, intoxica a todos sin hacer diferencia alguna.

Jesús Cristo: Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.  (San Mateo 7, 12)

 Buda : No lastimes a los demás con lo que te aflige a ti mismo.  (Udana Varga 5, 18)

 Zoroastro: No hagas a los demás lo que no es bueno para ti. (Shyat-na-shyast)

 Moisés: No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Levítico 19, 18)

 Krishna: Los hombres dotados de inteligencia y las almas purificadas deberían tratar a los demás como ellos mismos quisieran ser tratados. (Maha-Bharata 13, 115-22)

Muhammad: Ninguno de vosotros es un creyente a menos que desee para su hermano lo que desee para sí mismo. (Tradiciones Islámicas)

 Siendo esta nuestra común herencia, teniendo en cuenta que nuestros derechos terminan donde comienzan los de nuestros semejante y concientes de que el bienestar de nuestro prójimo es nuestro bienestar, es importante para nuestra existencia, meditemos con San Pablo el Apóstol donde radica la raíz  de la maldad actual:

Y claro está que la religión es una fuente de gran riqueza, pero solo para el que se contenta con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada podremos llevarnos; si tenemos qué comer y con qué vestirnos, ya nos podemos dar por satisfechos. En cambio, los que quieren hacerse ricos caen en la tentación como en una trampa, y se ven asaltados por muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los hombres en la ruina y la condenación. Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y se han causado terribles sufrimientos. (1ra Timoteo 6, 6-10)

 Escrito está y es necesario que pensemos que los avances industriales y tecnológicos no deben representar nuevas incapacidades y menos nuevas tumbas. Es ineludible y este es nuestro llamado en los tiempos presentes, para que seamos capaces de solucionar los problemas y diferencias rostro a rostro y no mediante la agresión e incomprensión que acrecientan los conflictos y generan guerras.

Miren amadísimos, y consideren prudente qué raíces y frutos nacen del linaje de la avaricia, la cual la definió acertadamente el Apóstol como la raíz de todos los males, porque ningún pecado se comete sin el deseo desordenado y todo apetito ilícito es enfermedad de esta codicia. (San León Magno Papa de Roma)

 Seamos concientes de que en los actuales tiempos corremos el peligro de vivir mediante sofismas de distracción que nos impiden ver y comprender nuestra propia decadencia y destrucción. E hombre pude elegir entre vivir la gracia o ser causa de desgracia y esta es una libertad que le es inherente y un camino que debe determinar.

 La regla o canon del cristianismo más perfecto, la definición más puntual, su más alta cúspide, es buscar la conveniencia común. Al ponerlo de manifiesto el Apóstol decía: “Como también yo en Cristo” (1 Cor 11, 1) Así, pues, nada puede hacernos tan imitadores de Cristo como el cuidar de nuestro prójimo. Por más que ayunes, por más que duermas sobre la dura tierra, aunque te dieras al martirio, si no te preocupas por tu prójimo, nada grande has hecho; todavía con todo lo que haces, estás muy lejos de este modelo. (San Juan Crisóstomo Patriarca Ecuménico de Constantinopla y Maestro Ecuménico) 

 No somos dignos de decir que Cristo ha resucitado, si no nos hemos renovado y trasformado naciendo al amor, la justicia y la verdad.

Cristo Resucitó            ¡ En verdad resucitó ! 

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Clave de este Documento: 0013B

Timoteo
Mons. Timoteo Torres

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