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¿QUÉ SON LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS?

evangelios 01

¿QUÉ SON LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS?
Por P. Donato Ramírez msp.
2007

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para rebatir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena”

2 Tim. 3:16-17

Los evangelios canónicos se enfrentan a una infinidad de cuestionamientos sobre su autenticidad. ¿Cómo fue posible que llegaran hasta nosotros sin haber sufrido alteración alguna? ¿Cómo evitar la intervención humana, el error, la mala fe, el criterio de los copistas y traductores que pudieron, en algún momento, alterar el mensaje divino? ¿Cómo saber que son los mismos libros que fueron escritos en tiempos de Cristo, si se tienen otros escritos que han sufrido plagios, relecturas, acomodaciones por parte de los discípulos o por adversarios de tal o cual doctrina? Existen más elementos a favor para no creer que para creer en el mensaje y valor de los evangelios, que en otros tiempos. Las palabras del apóstol Juan congelan estas preguntas:

“ Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. ”

1 Jn. 1:1-3

La palabra Apócrifos significa oculto, escondido, misterioso, fuera de la vista. Proviene del verbo griego kripto, esconder, cubrir, proteger. Este término se utiliza en el lenguaje común cuando se quiere expresar que algo es dudoso, es una copia, la falsificación de lo que es original. Pero es un término del ambiente y contexto religioso, ya que el término designaba los libros para el uso privado de los adeptos a una secta, también después fue dado a los libros de origen dudoso. Las primeras comunidades cristianas daban este nombre a aquellos libros cuyo autor era desconocido y que desarrollaba temas ambiguos, aunque con carácter sagrado. Por eso eran sospechosos de herejía y poco recomendables. Los libros apócrifos eran de procedencia judía o cristiana y surgieron entre los s. II a.C. y II d. C., los cuales pretendían ser equiparados a los libros de las Escrituras. Se enlazan con ellas pero que no han sido aceptados por la Iglesia en el Canon.

Es importante mencionar que a los libros que la Iglesia católica denomina como apócrifos, las confesiones cristianas protestantes los denominan pseudoepigráficos, del griego pseudo(falso), epí(sobre), grafos(escrito) que literalmente se leería: sobre los falsos escritos. Los que ellos denominan apócrifos, están reconocidos por el Canon de la Iglesia pero se llaman Deuterocanónicos, es decir, del segundo canon.

La Biblia católica contiene 46 libros del Antiguo Testamento y 27 libros del Nuevo Testamento, dando un total de 73 libros; la Biblia protestante sólo 39 y 27 respectivamente, sumando 66. Los libros excluidos son Tobías, Judit, 1 de Macabeos, 2 de Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc.

 

Los evangelios son escritos inspirados por Dios a autores humanos, no consiste en un dictado, ni en revelaciones a manera de sueños, éxtasis o situaciones que indiquen que el evangelista escribía palabra por palabra lo que Dios le indicaba. La inspiración consiste en que Dios, sin que los autores humanos se dieran cuenta, pero inmersos en una comunidad de fe, iba armando y entretejiendo el conjunto de todas las Escrituras Sagradas, acompañando a los creyentes en su historia. Los evangelios escritos aparecieron algunas décadas después de que ya existían comunidades cristianas(70-100 d.C.) que evolucionaron en Iglesias particulares. Sólo la primera parte de la Biblia, es decir, el Antiguo Testamento, se leía en público, sin embargo, las personas comunes y corrientes no podían leer esta primera parte de la Biblia debido a que eran pocos los que sabían leer y escribir, los mismos escritos en sí eran muy costosos.

evangelios 2

Después de la Ascensión de Jesús y ya no contar con su presencia física, los primeros cristianos continuaron siguiéndole firmemente en sus enseñanzas a través de la Iglesia (Ekklesía), que significa asamblea que es la comunidad de los creyentes, dirigida por los apóstoles y encabezada por Pedro, quienes cuidaron celosamente de transmitir y hacer crecer fielmente y sin distorsiones el mensaje recibido: vivían, desarrollaban y prolongaban su fe por medio de los recuerdos y enseñanzas de Jesucristo.

Muchos de los nuevos miembros que se iban sumando y bautizando ya no le conocieron personalmente. La principal forma de anunciar a Jesús a quienes que no le conocen, de profundizar en Él antes sin haber tenido un primer contacto, es por predicación o transmisión oral. Pero a medida que crecía el número de cristianos con todo tipo de costumbres y creencias, se hacía más necesario no confiar en la memoria y en la transmisión oral, sujeta a distorsiones, ya que nunca faltan personas o grupos que quisieran manipular la Palabra a favor de sus intereses. No bastaba y era insuficiente la presencia de cualquiera que hubiese conocido personalmente o que hubiera tenido contacto físico con Jesús de Nazareth.

 

Cada comunidad fue haciéndose de un patrimonio sagrado de recuerdos de las palabras y hechos que permitieron mantener la memoria de Jesucristo vivo de acuerdo a su propia realidad, no en todas las iglesias se conservaban y transmitían exactamente las mismas cosas, aunque en lo esencial tenían que coincidir. Es por eso que la Escritura, no puede ser considerada como santa, inspirada y canónica, sin la Tradición(con T mayúscula), la cual a su vez no puede ser viva y operante sin la Escritura. Los primeros escritos eran aislados e individuales, pero su contenido ya se transmitía oralmente, y estaban presentes en la comunidad: la Buena Nueva, esto eran los Evangelios.

 

El testimonio más antiguo de un canon de los evangelios se encuentra en el "Fragmento Muratoriano", que data del siglo II d.C., el cual contenía los Cuatro Evangelios(Mateo, Marcos, Lucas y Juan), Apocalipsis de Juan, pero omitía la Carta a los Hebreos y las Cartas de Pedro. Hoy se sigue manteniendo la distinción de la antigua Iglesia entre libros canónicos y libros apócrifos. Desde el punto de vista católico la razón está en que el dictamen de la Iglesia no fue el resultado de reflexiones puramente humanas y falibles, o incluso del azar, sino que constituyó una decisión tomada bajo la dirección del Espíritu Santo y gradualmente, no de forma arbitraria. El hecho de que la Iglesia haya fijado el canon, el límite entre los escritos bíblicos y los apócrifos está suficientemente claro debido al consenso de entre todas las comunidades; en cambio, no se ponían de acuerdo en determinar con exactitud el límite entre los apócrifos y demás libros religiosos de la antigüedad que se les parecen.

 

El testimonio más antiguo de un canon de los evangelios se encuentra en el "Fragmento Muratoriano", que data del siglo II d.C., el cual contenía los Cuatro Evangelios(Mateo, Marcos, Lucas y Juan), Apocalipsis de Juan, pero omitía la Carta a los Hebreos y las Cartas de Pedro. Hoy se sigue manteniendo la distinción de la antigua Iglesia entre libros canónicos y libros apócrifos. Desde el punto de vista católico la razón está en que el dictamen de la Iglesia no fue el resultado de reflexiones puramente humanas y falibles, o incluso del azar, sino que constituyó una decisión tomada bajo la dirección del Espíritu Santo y gradualmente, no de forma arbitraria. El hecho de que la Iglesia haya fijado el canon, el límite entre los escritos bíblicos y los apócrifos está suficientemente claro debido al consenso de entre todas las comunidades; en cambio, no se ponían de acuerdo en determinar con exactitud el límite entre los apócrifos y demás libros religiosos de la antigüedad que se les parecen.

 

Fue en el Concilio de Cartago (397) donde la Iglesia decidió aceptar los libros apócrifos pero como propios de la literatura religiosa, no canónica. Los Concilios de Laodicea (363 d.C.), de Hipona (393 d.C.) y de Cártago (397) decidieron, aunque no en forma todavía canónica, que son 27 los libros del A.T (en este último concilio se presenta una lista de los 46 libros del A. T. de la Biblia Católica). Esto ocurrió tres siglos después del nacimiento de Jesús. En el Concilio de Trento se da por cerrado el Canon Bíblico en 1545 con el número de libros ya mencionado. En ese tiempo, los reformadores con Lutero, rechazaron los pseudoepígrafes como apócrifos sacándolos completamente del Canon. En 1945 fue descubierta la Biblioteca de Nag Hammadi, en la que se encontraron varios evangelios apócrifos como el evangelio de Tomás o el evangelio de Felipe. Los Evangelios apócrifos se clasifican normalmente por grupos: Evangelios de la infancia. evangelios de dichos, evangelios de la pasión y resurrección, evangelios gnósticos, etc. Como se ve, el número de evangelios extracanónicos o apócrifos rebasan en número a los 4 que aparecen en el Canon. 1

1 Guijarro Oporto, S. Evangelios, en S.Guijarro y M. Salvador (Eds.) Comentario al Nuevo Testamento Ed. Atenas, Madrid. 1995.

Hay algo común a todos ellos: su lectura resulta insólita para el hombre de hoy. Y es que el mundo al que estas producciones pertenecen, es de otro tiempo, lugar y cultura, por lo que parecen totalmente anticuados. Por otra parte, sería injusto calificar estas formas literarias como testimonios ingenuos y caprichosos de algunos historiadores de la literatura de la época. El estudio imparcial de estas obras ofrece interesantes visiones de las circunstancias y la manera de pensar del mundo antiguo.

 

Los evangelios apócrifos no tienen ninguna utilidad si a través de ellos se pretenden obtener noticias fidedignas sobre Jesús y su doctrina, o sobre otros personajes del NT. Los evangelios apócrifos dependen desde muchos puntos de vista de los evangelios canónicos, presuponen palabras transmitidas o sucesos narrados en estos últimos y los transforman (tanto los sucesos como las palabras) según el espíritu de su autor, quien generalmente utiliza el recurso de la pseudonimia, para adjudicarle autoridad apostólica a su obra. Contienen tanto material increíble y evidentemente inventado, que apenas es posible extraer lo verdaderamente real. Se narran muchas leyendas y muestran así cómo se pensaba entonces acerca de las personas veneradas en el cristianismo. (El mismo desarrollo dogmático, por ejemplo, en lo referente a la Mariología, pudo haber recibido impulsos de esta literatura, particularmente del evangelio de Santiago y de sus diversas elaboraciones). La influencia de estos escritos en la posteridad fue a veces grande; lo cual se deduce de que no pocos elementos suyos han entrado a formar parte del tesoro de leyendas cristianas en la Edad Media e incluso en la Edad Moderna, penetrado también en la liturgia y el arte.

 

La Iglesia primitiva y medieval combatió las escrituras apócrifas, sólo cuando estaban relacionadas con herejías. Porque estos textos únicamente buscaban satisfacer la “curiosidad” de los lectores, aumentando así, los datos e informes contenidos ya en los textos canónicos; influyeron en añadir respuestas imaginarias a las “curiosidades” de los primeros cristianos.

 

Algunas razones por las que los evangelios apócrifos no se consideran inspirados son que: sus enseñanzas se basan en historias ficticias, legendarias y absurdas; su doctrina es equivoca en lo relacionado con las oraciones para los muertos, las curas falsas por medio de brujería, la salvación sólo a través de las limosnas y trabajos sin auxilio divino, la posible alteración del destino de las almas después de la muerte, la inexistencia del purgatorio, etc.

Los libros apócrifos son una base para el desarrollo y enseñanza sobre doctrinas heréticas; enseñan actitudes anticristianas como la venganza, la crueldad y el egoísmo. Se prestan para presentar desviaciones de la fe católica porque ahí se encuentran elementos suficientes que los herejes no pudieron encontrar en los evangelios canónicos.

Muchos de estos textos eran muy populares durante la Antigüedad y la Edad Media, principalmente entre los analfabetas, debido a los elementos extraordinarios, misteriosos y legendarios que ahí se encuentran. Esta imaginación popular ha logrado adulterar o desfigurar las tradiciones orales que ya se han explicado; aún así los evangelios apócrifos ofrecen un valor indirecto que ciertamente no es despreciable. Muchos de sus datos y detalles de los textos apócrifos ya estaban incorporados por la tradición cristiana.

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Artículos de Opinión

Clave de este Documento: 00011B

P. Donato Ramírez msp.

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