La semana anterior se estrenó comercialmente en varios cines la película israelí Ushpizin Los invitados, que es una muy buena reflexión sobre la profunda espiritualidad judía y mezcla muy bien elementos cómicos y trágicos para mostrarnos varios aspectos de la condición humana como el problema del mal y la esperanza en un Dios providente. Este tipo de películas duran poco en cartelera porque poca gente acude a verlas.
Por otro lado, un acontecimiento que la semana pasada puso en vilo al gabinete de Felipe Calderón fue la supuesta amenaza de Al Qaeda contra nuestro país, Canadá y Venezuela. Sobre este asunto resalta en la prensa nacional un artículo de Alfredo Jalife-Rahme ( ¿Al Qaeda en Pemex? La Jornada, 18 de febrero) y un comentario de la analista Irene Selser vertido en el noticiero radial de Ciro Gómez Leyva (Radio Fórmula), quienes manifiestan sus dudas acerca de esta amenaza. Jalife hace notar la “coincidencia” en este contexto de la visita a México de Michael Chertoff. Entre la información que circula en la red, sobre los antecedentes de Chertoff, es posible encontrar los datos de que Chertoff es hijo de un rabino y profesor de Talmud.
Es decir, Michael Chertoff, el heredero de una religión como es el judaísmo, basada en la paz, en la justicia y en el reconocimiento de la otredad, como bien lo han señalado filósofos judíos como Hermann Cohen, Martin Buber, Emmanuel Levinas y Franz Rosenzweig,
se ha convertido ahora en un adorador del Dios Mercado, en un defensor de los intereses del imperialismo y el neoliberalismo norteamericanos, y ahora viene a nuestro país para tratar de obligar a que México se someta a los intereses de Estados Unidos.
Sobre este último punto, me pareció muy interesante el artículo escrito por Ignacio Solares ( El idiota latinoamericano. Revista Proceso, 18 de Febrero), que retrata bien a este tipo de seguidores de la religión del Dios Mercado. Es un artículo que bien deberían leer comentaristas de radio como Ezra Shabot, Dino Rosenberg, Sergio Sarmiento, Oscar Mario Beteta, David Páramo, Maricarmen Cortés y otros tantos, para quienes el libre mercado parece ser un dios al cual rinden culto.
Y, aunque no se puede decir que Ignacio Solares sea cristiano en el sentido estricto de la palabra, es un gran amigo de intelectuales católicos críticos como Javier Sicilia, Vicente Leñero y Paco Prieto, con quienes se reúne frecuentemente.