
JESUCRISTO CENTRO DEL UNIVERSO
Q.F.B.; Teol. María de los Ángeles Chávez González
Centro Mexicano de Sindonología.
2007
Quizá, querido lector, al comenzar a leer este artículo, le irá a asombrar, ¿Cómo es que un laico se atreva a tratar temas teológicos? Recordemos que en el Concilio Vaticano II en el Decreto sobre el Apostolado de los Seglares, la importancia de todos nosotros que vivimos en el mundo, tenemos la obligación de evangelizar en nuestro contexto. Para esto, tenemos que prepararnos, porque es enorme el “paquete” que cargamos en nuestras conciencias. Dar a conocer a Dios, no es cualquier cosa, tenemos el deber de prepararnos, para enseñar, o bien , remover en los demás todo lo que no saben, o que sí llegaron a conocer, pero por las exigencias (a veces vanas ) de la vida, lo hemos archivado en una memoria así como de computadora; pero jamás lo sacamos a la conciencia, y nuestro deber es por esto tan arduo, pues trataremos de que quienes nos rodean vivan a Cristo como San Pablo tantas veces lo pregonó, buscaremos que se reflexione sobre lo que por desgracia está tan empolvado: el reflexionar acerca de la misericordia y amor infinitos de Dios Padre al entregarnos a su Hijo único. A todas estas reflexiones, y más aún, nos lleva el estudio de la imponderable reliquia que es la Sábana Santa.
Cuando contemplamos la impronta del hombre martirizado en la Síndone, también atoramos nuestro entendimiento, reflexionamos sólo en la piedad, y le rogamos a ese Cristo sufriente que tenga misericordia de nosotros, pero... ¿Quién es Jesús? o ¿Qué es Jesús?. Naveguemos pues, en las reflexiones cristológicas, para así tratar de llegar al máximo conocimiento acerca de Cristo, al que la mente humana pueda llegar. Tal vez nos parezca demasiado soberbio, pero... nos colocaremos en el campo de la humildad humana, porque así no solamente conoceremos a Jesucristo, sino que también nos sentiremos dignos de ser como EL: Cristos.
Desde la perspectiva de ¿Quién es? o ¿Qué es Jesús?, en Ontología se hace el cuestionamiento ¿Qué es esto?, y después, ya que se sabe qué es, luego se pregunta ¿Cómo actúa? ¿Cómo se mueve? Para poder hacer algo, primero hay que “ser”. Las operaciones son consecuencia de la existencia. Por lo tanto, se hará una indagación de la existencia de Cristo; pero ya decir existencia de Cristo, es estar hablando de una parcialización. Las pesquisas se remontan a desde cuándo, cómo existe ese Ser al que nosotros llamamos “El Cristo”. Para que después podamos ver por qué actuó, para qué actuó, hasta dónde llegó, o que se espera que siga haciendo si es que sigue actuando.
Algo muy especial que tenemos que tomar en cuenta es que CRISTO es el centro el eje de toda nuestra existencia. Sin Cristo, ninguno de nosotros tendría derecho de llamar a DIOS: PADRE. Porque este Dios es el Dios de Israel; ese Cristo es el Cristo de Israel; porque Él quiso abrirse a los gentiles. Nosotros podemos por la fe en Él estar unidos al pueblo de los elegidos, y a partir de entonces formar un sólo Cuerpo, en el que se alabe y aclame al Señor.
Pero todo tiene que empezar por la Trinidad, por lo que tanto nos pregonó Israel: :” Dios es único no hay otro”. Ese Dios único, solitario, el Todopoderoso, el Infinito, el Eterno, al que nadie ha visto ni puede ver, a quien Isaías comparó como un fuego consumidor, aquel a quien dicen que si mira la tierra, la tierra tiembla; en un momento se aparece en medio de nosotros, y nuestra problemática comenzaría por preguntar: bueno, si ese Dios es el infinito, el creador, el sostenedor de toda la realidad, en un momento se presentó en medio de nosotros... ¿Quién entonces siguió sos teniendo la realidad? Dios no solamente es creador del mundo, es quien lo sustenta, quien sos tiene la realidad. Si no hay Dios, no hay realidad, no solamente es principio y fin, sino también es quien va llevando a la realidad hacia el fin.
La Cristología en el Catecismo dice: “El Dios creador mandó a su Hijo, y nació de una Virgen, se hizo Hombre, etc.” ¿Qué dice el Credo de Nicea? “Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible”, y aquí viene la contradicción con Israel: “Creo en sólo Señor Jesucristo, Hijo Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consubstancial al Padre”, y por desgracia todos los domingos, toda la Iglesia dice una herejía: “ ... de la misma naturaleza que el Padre” “consubstancial al Padre, por quien todo fue hecho”. Aquí hay otra cosa, el Padre es el creador de todo lo visible y lo invisible, y sin embargo, cuando estamos hablando del Cristo: “ por quien todo fue hecho, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo”- ¿Qué significa ese bajar del cielo? Que se hizo hombre- ¿Qué significa hacerse hombre? Se hizo hombre, padeció, ese Dios Altísimo padeció y murió. Entonces, toda esa contradicción aparente de lo que el Antiguo Testamento nos dice acerca de Dios; o lo que el Nuevo Testamento nos dice del Hijo de Dios, es lo que tenemos que desmenuzar para poderlo entender: “ engendrado, no creado... consubstancial al Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”; y vamos a tratar de entender esa mala traducción que dice “de la misma naturaleza que el Padre”, el homousios del griego; de la misma substancia que el Padre. Y entonces cómo explicaron los Padres de la Iglesia el que Este que proviene del Padre es Dios de Dios y Luz de Luz. Aquí veremos cómo explicarnos acerca de la naturaleza de Jesucristo, la esencia de ÉL.Y cómo le hace Él, para que sin dejar de ser un sólo Dios con el Padre, vivió en medio de nosotros, ser una persona y tener dos naturalezas.

NOTA sobre Cristología Patrística.
Es interesante ver cómo Orígenes relaciona su doctrina del Logos con la del Jesús encarnado de los Evangelios. Introduce el concepto del alma de Jesús y ve en esta alma preexistente el lazo de unión entre el Logos infinito y el cuerpo finito de Cristo:
“Siendo esta substancia del alma intermediaria entre Dios y la carne- porque es imposible que la naturaleza de Dios se mezcle con un cuerpo sin un intermediario-, el Dios-Hombre nace, como hemos dicho, haciendo de intermediaria esa substancia a cuya naturaleza no repugna asumir un cuerpo. Por otro lado, tampoco era contrario a la naturaleza de esta alma, como substancia racional que era, recibir a Dios, en quien había entrado ya totalmente, según dijimos arriba, así como en el Verbo, en la Sabiduría y en la Verdad. Ella, pues, merece también, juntamente con la carne que asumió, los nombres de Hijo de Dios, Poder de Dios, Cristo y Sabiduría de Dios, por cuanto que estaba toda entera en el Hijo de Dios o había recibido todo entero dentro de sí al Hijo de Dios”.
Orígenes es el primero en usar la expresión Dios-Hombre, que se incorporaría al vocabulario de la Teología. Y en razón a la Encarnación, afirma que en la Carne de Cristo en la que penetró esta alma, por su unión con el Logos, el alma de Cristo no podía pecar:
“No cabe poner en duda que su alma fuera de la misma naturaleza que la de todos los demás. De no serlo de verdad, no se la habría podido llamar alma. Mas, correspondiendo a todas las almas el poder de escoger entre el bien y el mal, la de Cristo escogió el amor de la justicia, de manera que toda la inmensidad de su amor se adhirió a ella irrevocablemente y sin separación posible, de modo que la firmeza de su intención, la inmensidad de su afecto y el ardor inextinguible de su amor anularon toda posibilidad de retroceder y cambiar. Lo que anteriormente dependía de la voluntad, quedó en adelante trocado en naturaleza por la fuerza de una larga costumbre. Debemos, por tanto, creer que en Cristo existió un alma humana y racional, sin que por ello hayamos de suponer que tuviera ninguna inclinación ni posibilidad de pecado”.
La unión de las dos naturalezas en Cristo es extremadamente estrecha, “ porque el alma y el cuerpo de Jesús formaron un sólo ser con el Logos de Dios.”. Y sigue afirmando Orígenes en su Cristología tan clara y certera:
“ Al Hijo de Dios, por quien fueron creadas todas las cosas, se le llama Jesucristo e Hijo del Hombre. Pues también se dice que el Hijo de Dios murió- precisamente por razón de aquella naturaleza que podía padecer muerte-. Lleva el nombre de Hijo del Hombre, de quien se anuncia que vendrá en la gloria de Dios Padre con los santos ángeles. Por esto, a través de toda la Escritura, a la naturaleza divina se aplican apelativos humanos, y se distingue a la naturaleza humana con títulos que corresponden a la dignidad divina”.
En parte aquí está la respuesta de lo que decimos “de la misma naturaleza que el Padre”; pero Cristo tiene dos naturalezas, ¿Entonces cuál de las dos es la misma naturaleza que el Padre? Estamos hablando de la persona, o estamos hablando de la mitad de Cristo... ¿En dónde comienza todo esto?.
“ Dijo Dios: Hágase y se hizo”. Aquí tenemos que comenzar a contemplar que la voluntad divina quiere, pero todo lo hace por medio de la Palabra, el Logos; recordemos que en este principio, al Cristo lo conocemos como al Logos, que en el latín se traduce VERBUM, pero en realidad no existe una correspondiente y adecuada traducción al español. El Logos en la filosofía griega, no es el pensamiento ni la palabra; es la ACCIÓN RACIONAL. Cuando en griego se dice lepton=palabra, lo que se utiliza para el diálogo, no se está hablando de una cosa abstracta y aislada; se está hablando del contenido sistemático, histórico o experiencial que yo adquirí y que les quiero trasmitir, que ustedes captan y que ustedes también devuelven, no es la palabra, pues ella puede tener cincuenta significados, y que los utilizamos sin entender, no. Es la proyección de lo que yo soy y he vivido, que quiero entrar en comunicación con ustedes. Ahora, esto transportémoslo a Dios, el Lepton Divino, no es otra cosa sino el mismo DIOS, ¿Por qué? Porque el Lepton Divino es tan perfecto, que no es un producto divino. Dios es toda racionalidad, Dios es toda comunicación; y entonces, ya no es Lepton, ya no es Palabra; es LOGOS, el pensamiento propio de Dios vivo, que cumple y crea, que entra en comunicación con el Padre, y con Aquel con quien el Padre quiere dialogar. Y entonces, cuando el Logos divino nos habla, no se comunica con conceptos, presenta toda su realidad para que la vayamos entendiendo. Por esto, nos daremos cuenta que nuestra salvación no es la doctrina de Cristo, nosotros no creemos en las enseñanzas de Cristo; nosotros creemos en la PERSONA DE CRISTO, en la totalidad. Las palabras nos dijeron algo, pero lo más importante es TODO CRISTO, TODO JESÚS, ESE ES EL CENTRO DE TODO.
Por eso, como es el pensamiento total de Dios que se comunica con nosotros, llega a nosotros. Cuando nosotros le escuchamos o lo vemos, contemplamos el Rostro de Dios. Esto nos ocurre en el momento en que tenemos oportunidad de ver el Rostro en negativo fotográfico, positivo óptico en la preciosa reliquia que es la Sábana Santa.
Tengamos pues en cuenta, que es la presencia divina la que se aparece en medio de nosotros, envuelta en algo que nosotros podamos percibir, pero abierta para que nosotros podamos entender. Todo lo que esa apariencia de Dios en lo que llamamos JESÚS , que nos quiso comunicar ¿Para qué? Para que todos pudiésemos tener contacto con EL, contacto cercano, se hace uno como nosotros, sin dejar de ser Dios, para que en el contacto con esa esencia divina, con esa Persona divina, nosotros también podamos irnos metiendo con su ayuda, su acción, irnos divinizando para que entonces le veamos y seamos como Él: “... entonces seremos como Él, porque lo veremos como Él es...” ha dicho San Pablo.
Para Pablo ¿Qué cosa es la salvación? La salvación no es que nos quiten de aquí, y nos manden a otro lado. La salvación significa que recuperamos la imagen divina , y entonces volvemos a ver a Dios cara a cara, y ... ¿Cómo será eso? No porque nosotros podamos elevarnos, sino porque Él descendió de los cielos, se hizo hombre, para entonces elevarnos. Este es el primer relampagazo que nos da el Cristo, cómo podríamos pretender entenderlo, si no es con demasiada paciencia, y a veces con mucha lectura y reflexión, entonces vamos poco a poco hasta que surge el centro que es la luz del Padre.
Dice al final del primer capítulo del Génesis: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y según nuestra semejanza, para que sea señor, un poco menos que los ángeles, lo coronaste de gloria y majestad. Y en el capítulo tercero, se origina la esperanza “... tu descendencia aplastará la cabeza de la serpiente”. Ya desde aquí está representado el combate entre el Cristo y la serpiente.. Cristo va a aplastar a la serpiente, pero la serpiente lo va a dañar. En el Génesis Capítulo 49, 9-10 dice: “ Cachorro león es Judá, de la presa, hijo mío, has vuelto, se recuesta, se echa cual león, o cual leona, ¿Quién le hará alzar? No se irá de Judá y el báculo, el bastón de mando de entre tus piernas, hasta tanto que se le traiga el tributo, y a quien le rindan homenaje las naciones”.
El trono de David, la descendencia de los hijos de Dios permanece gobernando, el gobernante es Judá; sin embargo, va a llegar un momento en que Shilo, el elegido viene, y a Él se van a congregar todos los pueblos. Ya no es el trono de David sobre Israel, sino el trono de este Shilo sobre todas las naciones.
En el libro del Deuteronomio se dice: “ Porque aquí está el Padre eterno, y en la tierra los brazos eternos”; desde dónde le salieron a los judíos estas palabras tan extrañas... ¿qué son esos brazos eternos?: sería el Hijo y el Espíritu Santo en una primera noticia acerca de la Trinidad. El Verbo como tal no se menciona, los profetas en especial Isaías, lo van a conocer como SIERVO DEL SEÑOR , el SIERVO DEL ETERNO contradictorio porque viene a traer paz y es fuerte, porque va a ser el que va a llevar a Israel a la cumbre de la gloria. Sin embargo, va a ser paciente, sufrido, va cargando los pecados del mundo, nadie le va a hacer caso, lo van a abofetear, lo van a desfigurar. El profeta Zacarías habla: “El Señor Dios vendrá y con Él vendrán miríadas de ángeles”, refiriéndose al juicio final de las naciones.
Visiones muy profundas, muy grandes nos presenta el Antiguo Testamento, pero al mismo tiempo contradictorias: va a vencer a Satanás, y sin embargo, lo van a matar. Va a ser el Siervo doliente, pero va a ser el Rey de la Creación.
No es sino hasta el Nuevo Testamento en donde ya todas estas visiones que tienen los profetas, van empezado a tener un nuevo sentido.
En San Lucas ¿Cómo se nos comienza a presentar al Verbo de Dios entre nosotros?: el ángel le habla a María, y ella no entiende totalmente lo que le estaba sucediendo.
Ya después de los anuncios de la Ley, de las figuras de los profetas, el primer aviso del Mesías es en la Anunciación, ¿Cómo lo presenta? “Concebirás en tu vientre, darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Una mujer normal va a dar a luz un hijo, un hombre como todos los hombres, a ese hijo le va a llamar Josuah que significa “el eterno que salva”, está en presente y que quiere decir que es el Eterno que salvó, que salva y que salvará: la acción divina de la creación son ETERNAS, no son en este momento, no, CRISTO ESTÁ SALVANDO DESDE LA ETERNIDAD.
Por lo tanto, desde aquí ya iniciamos a comprender que es lo que se escribió en la Biblia, la esencia de la SALVACIÓN.
“ Este será grande, será llamado Hijo del Altísimo,... y el Señor Dios le dará el trono de David su Padre”. Los hombres de su tiempo algo van a empezar a entender acerca de su grandeza, por eso le van a llamar HIJO DE DIOS, aunque no lo entienden completamente; será grande, dirán que es el Hijo de Dios, este Señor es el Eterno, le va a dar el trono de David, David es el padre de Jesús por la descendencia en María. Este Dios que le había jurado a David que uno de sus descendientes siempre gobernaría sobre Israel, este Dios le da el trono a Jesús, para que entonces tenga fundamento eterno la promesa que Dios le hace a David: “ uno de tus hijos fue, es y será Rey... antes de que tú fueras rey, ese Hijo ya es Rey... Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su Reino no tendrá fin”. Desde luego, resulta otra interrogante ¿De dónde es rey Jesús? De la Casa de su pueblo, no se está haciendo a una lado la promesa a Abram; el Cristo, el Mesías es el rey que viene a salvar a Jacob, a Israel. Y este reinado no tendrá fin.
“ El Espíritu Santo vendrá sobre ti, el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo ser que nacerá, será llamado el Hijo de Dios”. Aquí comienza la problemática de la Encarnación; aunque lo que sí queda claro es que María siendo virgen, sin la contribución del hombre, por el poder de Dios, por la fuerza del Espíritu Santo, concibe. Por eso ese hijo es Hijo de María, Hijo del Hombre, es Hijo de Dios, y entonces este es el fundamento de por qué es llamado Hijo del Altísimo, mas ya entendemos que este Ser que está enfrente de nosotros, que lo vamos a conocer, y del que vamos a platicar, tiene un origen milagroso. Surge de un óvulo, pero no hay un espermatozoide, es por la intervención de la tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo. Por esto es llamado a este Ser concreto Hijo de Dios, y todavía no se entendía la Encarnación del Verbo en ese Ser. No se entendía que por obra del Espíritu Santo, quien fecunda a María, y el LOGOS se hizo Hombre.
“...y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?” (Luc 1, 43). Este Hijo que ya está en el vientre de María es Mi Señor, es Addonai.
Evangelio de San Juan:
“ En el principio era el Logos, el Logos era con Dios y el Logos era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho hubiera sido hecho; en Él estaba la vida y la vida es la luz de los hombres; la luz de las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo, en el mundo estaba. El mundo fue hecho por Él, pero el mundo no lo conoció. A los suyos vino, pero los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio poder de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni por la voluntad de la carne, ni por la voluntad del hombre, sino por Dios. Y aquel LOGOS fue hecho carne, habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Esto es el resumen de toda la CRISTOLOGÍA.
El Logos estaba desde el principio. Estas son también las palabras con las que comienza la Biblia: “En el principio, Dios comienza a actuar”, y en este principio ya estaba el Logos ahí, y este Logos que estaba en el principio creando, era Dios igual que Aquel que los judíos llamaban Dios, Él, estaba con Él y actuaba como Él. Es lo que nos está diciendo: ya en el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios, el Verbo era Dios. Este estaba en el principio con Dios, cuando Dios creó todo, ahí estaba el Verbo y...¿Por qué estaba el Verbo? Por ÉL fueron hechas todas las cosas, en español no se entiende bien, pero en griego nos da la connotación: el Dios Eterno quiere crear, el Logos es el implemento para crear todas las cosas. Por eso, sin el Logos nada de lo que existe hubiera sido creado. Por eso Él es la Vida, por eso Él es la Luz. Y no debemos confundirnos porque según algunas sectas protestantes dicen que cuando Dios dijo: “Hágase la luz” ahí creó a Cristo, no. Pues si Cristo estaba desde el principio, en el principio no estaba la luz, la luz fue creada, el Hijo no fue creado, ya estaba en la eternidad con Dios.
Para comprender que el Hijo no tiene tiempo, no es temporal, el Hijo es eterno, el Hijo no tiene principio, estaba ya en el principio; cuando todas las cosas que tienen tiempo dejaron de existir: Él ya estaba ahí.
“Era la luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo, en el mundo estaba, el mundo fue hecho por Él”- Otra vez la redundancia afirmativa- “Esas cosas que todos ustedes ven, las hizo el Logos”- En el Evangelio de San Juan no habla de Dios, está hablando del Logos, el Logos es quien hizo las cosas, el Logos es el que vino a los suyos, y los suyos no le reciben, les da la capacidad de ser hijos de Dios porque creen en su nombre. Su nombre significa “el Salvador es Dios” cumpliendo con la profecía de Isaías: “... porque el mismo Dios vendrá y te salvará”. El judío jamás pronuncia el nombre sagrado, escribe el Señor o pone Dios. Pero Juan está diciendo que este es el Dios que la profecía dice que viene a salvar, y como de ese modo se nos presenta, se le da el Nombre sobre todo nombre, sobre Él está la capacidad de salvar, sobre Él está la posibilidad de hacer de los que no lo son, hijos de Dios. Se cambia todo; así como Él nace en medio de nosotros, pero de la voluntad de Dios, no de varón, Él que es Dios, a todos los que creen en su nombre los hace hijos de Dios, pero para esto necesita SER DIOS. “A todos los que llevan mi nombre, la gloria mía, los creé, los formé y los hice- Profeta Isaías-...¿Qué nombre tenemos todos? CRISTO. Entonces todos somos JESÚS, por consiguiente, un mismo Dios para su gloria, para su honor lo crié, los formé, los hice. No solamente nos forma, sino que nos sostiene, nos hace crecer, nos hace llegar a la maduración, pero...¿Por medio de qué? De aquel que lleva el nombre de Dios, y muy poco reflexionamos que únicamente el nombre de Jesús significa en hebreo “el Eterno vive en medio de nosotros, y nos está salvando”; y en el sacramento del Bautismo, cuando se arroja el agua en la cabeza del próximo nuevo Cristo, y se dice: “Te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, el poder del Espíritu Santo que engendró al Hijo en María, está engendrando en la Iglesia otra célula más del Cuerpo de Cristo...¿Con qué condición?: Los que creen en su nombre.
Dice San Juan: “ Y el Verbo se hizo carne”; el Logos divino, el que era puro espíritu, se vuelve Hombre. Recordemos que cuando hablamos de carne, según las conceptualizaciones hebreas, se dice que “hombre” es un ser viviente racional,...”Y el Verbo se hizo carne”, entonces Aquel que está con el Altísimo, se hace uno como nosotros. Él se hace carne, se vuelve carne, se vuelve un humano. Puede pensarse al decir “ se hizo carne”, asegurar “todo Cristo era carne”. Tenemos la constitución del hombre que es cuerpo y alma; la constitución de Cristo es Logos, cuerpo y alma, todo ya perfectamente unido, para que toda célula de Cristo sea divina y humana al mismo tiempo. Jesús no es divino en una parte, y en otra humana; TODO absolutamente TODO es DIVINO y HUMANO. Así como en nosotros todo es humano y tenemos un alma eterna y un cuerpo que se acaba; así también en Él eso es lo que significa “el Verbo se hace hombre”. La traducción más correcta sería “el Logos se hizo hombre y habitó entre nosotros”. Al tener el lenguaje antiguo entre latín, griego y la conceptualización judía “Y el Verbo se hizo carne”, si logramos entender al Verbo como la Palabra, y la carne como sólo el cuerpo, nos encontraríamos en un conocimiento parcial. Entonces el Dios Altísimo en la Persona del Hijo, se hace un hombre como nosotros, y vive aquí en medio de todos, de este pueblo. Por eso gozamos de su gloria, la gloria del Unigénito del Padre, y tengamos en cuenta que Juan utiliza la palabra correcta: el Unigénito, el Único Hijo que tiene el Padre. Las demás son criaturas, este es el Único Hijo, pero... si todos somos Cristo, todos somos el Único Hijo que tiene Dios, los demás no son hijos de Dios. Por todo esto en el Bautismo, nos convertimos en hijos adoptivos de Dios, por la fuerza del Espíritu Santo.
Todo lo ya escrito, ha sido un intento de comprender cómo es CRISTO; después trataré de manejar el actuar de CRISTO, es lo que se llama Soteriología, significa explicar cómo nos está salvando.
Somos hijos adoptivos porque Adán y Eva eran criaturas de Dios, imagen de Dios; pero no eran sus hijos. Dios elige de entre los descendientes de Adán y Eva , a Abraham, y de él todo un pueblo para que sean los elegidos, mas no los hijos. Sin embargo, en los Salmos comienzan las profecías “De Egipto llamé a mi hijo”, “ Porque tú, Jacob eres mi hijo”, ya va dándose a entender. Pero, en qué momento Dios hace a los hombres hijos de Él; hasta que estos hombres llegan a formar parte del Cuerpo de Cristo... pero no lo eran... eran elegidos, eran escogidos para en ellos llevar el mensaje, recibir las bendiciones, pero no eran una unidad substancial con el Hijo. Cuando Cristo resucita, se da la posibilidad de que ese cuerpo ya glorificado, se vuelve un Cuerpo Místico con todos los cuerpos de todos los hombres.
Al analizar en el Capítulo 5 de la Carta a los Romanos: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios...Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron....reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aún sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir... Así pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida... donde sobreabundó el pecado, sobreabundó la gracia; así lo mismo que el pecado reinó en la muerte, así también reinaría la gracia en virtud de la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor... Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también ustedes, considérense como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”. (Rom 5, 1-2; 12; 14; 18; 20-21; Rom 6, 8-11)
Vemos que todos pecaron, todos estuvieron destituidos de la gracia de Dios, judíos y paganos, nadie tenía derecho ya a la gloria, nadie tenía derecho a llamarse hijo de Dios. Los judíos con su Ley y con su obediencia no son hijos de Dios; los paganos menos son hijos de Dios, pero... ahora ¿Qué pasa? el Hijo hace a los hombres hijos de Dios por adopción. Pero desde este momento, habiendo sido hechos hijos de Dios, nadie nos puede quitar la filiación... no era nuestra; por la voluntad de Dios se nos dio, recordemos que en el Bautismo que es un sacramento que imprime carácter, y aún en el infierno seremos unos hijos de Dios desgraciados.
Si por los que no eran hijos se preocupó, ahora que nosotros somos hijos, pues más se va a preocupar. Lo que dice San Pablo: “ Si cuando eran paganos , estaban lejos de Dios se preocupó, e hizo llegar a ustedes el mensaje de salvación, cuánto más ahora que han sido adoptados por el Señor”.
Si alguien rechaza a Dios , sigue siendo hijo de Dios, pero es un pecado contra el Espíritu Santo, y ya no hay remedio. Pero en tanto se esté anhelando o suspirando en su interior, o el Espíritu Santo esté moviendo al ser para que clame; siempre habrá una posibilidad de salvación, porque para eso vino Jesús, no para condenar, sino para salvar.
Para que entendamos, todos somos “carne”; pero de repente hay un Cordero Vivo, al Cordero se le pega toda la “carne”, y esa “carne” no está pegada sino que está unida al Cordero: esa es la adopción. Estos ni siquiera sabían, no querían ser hijos de Dios. El Cordero se quita la piel para que la carne se le pueda pegar; lo matamos, pero lo matamos para que todos vivamos... esa palabra de “adopción” tiene un significado que nadie entiende, parece que estamos hablando de un trámite legal, un contrato, y el significado en este caso es: tu realidad, ya no es tu realidad... eres un pedazo de CRISTO.
Cristo Jesús cuando era niño tuvo que ir madurando; aunque desde que el óvulo fue fecundado, era el Hijo de Dios, eterno y perfecto. Él no lo entendió sino hasta que llegó a ser adulto, 14 ó 15 años entendió qué cosa era ser el Hijo de Dios, y sin embargo, hasta los treinta años comenzó a actuar ya como el Hijo de Dios. Si en Él estaba la plenitud de la gracia le costó treinta años; entonces nosotros cuando vayamos entendiendo esto de Cristología, esta profundidad de lo que es la información del Hijo de Dios, su obra; que no se piense nada más en aquel hombre, sino que debe pensarse en la totalidad de lo que es el Cuerpo Místico de la Iglesia, por esto hay una traducción que no es exacta: “puso su morada en medio de nosotros”, no, no puso su morada, vive en medio de nosotros, es uno igual a nosotros; San Juan explica que vivió con nosotros, compartió nuestras necesidades, nuestras debilidades, nuestra vida cotidiana. Dice el mis mo Juan en su primera Carta, Capítulo 1: “ Lo que era desde el principio, lo que hemos oido, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocando al Verbo de la Vida, pues la Vida se manifestó y nosotros los hemos visto y damos testimonio y les anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó,- lo que hemos visto y oido, se lo anunciamos, para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Les escribimos esto para que nuestro gozo sea completo” (1 Jn 1, 1-4).
Imaginemos a este anciano, ya cercano a los cien años, que de pronto se pone a pensar: ¡Qué maravilla, yo me recosté en el pecho de Dios!. Y luego darse cuenta de que él, Juan, es una célula de ese Cuerpo. Entonces se desespera, él desea que entendamos que no es una cosa teórica, no son conceptuales, no es doctrina; esto lo toqué, esto lo viví, lo vi. Entonces el mensaje de Jesús es ese Cuerpo de Jesús, la totalidad existencial de Jesús es el mensaje de salvación.
Isaías dijo: “El mismo Señor vendrá y te salvará”, este mismo Dios que viene y salva, que se presenta en la profecía como Enmanuel: “Dios en medio de nosotros”; o Jesús: “Dios que salva”; o como dice Isaías: “ baja, para rescatarnos, para salvarnos”. Pero aún estando en medio de nosotros sigue siendo Dios, no deja de ser Dios: “El mismo Dios vendrá y te salvará”.
Se nos presenta “el cómo llega”: Anunciación a María.
“¿Quién es ? Es el Hijo del Altísimo.
“¿Desde cuándo lo es ? En la eternidad.
Entonces, se profetiza que Dios mismo vendría y nos salvaría. Se nos anuncia que el tronco renovará, y entonces vendrá un niño que se llamará Enmanuel “Dios en medio de nosotros”; pero en relatos de Lucas y de Juan sacamos en conclusión cómo llega este Salvador. Llega por intermediación de María; María es el vehículo, María es el canal para que el Hijo de Dios, Dios mismo llegue a nosotros. Va a ser Hijo de María sin dejar de ser el Hijo del Altísimo. Este Hijo del Altísimo lo es, desde el principio; pero es Hijo de María desde el año 1. Entonces es Hijo de María y es Hijo de Dios. Por ser Hijo de María es una situación, por ser Hijo de Dios es otra.
Por ser Hijo de María nace en el año 1; pero por ser el Hijo del Altísimo ¿nació o no nació?. Si nació, ¿De qué manera nace de Dios? ¿Cómo se puede dar que el Dios que no puede dividirse, que no puede multiplicarse, porque dejaría de ser Dios? ¿Cómo es entonces que tiene un Hijo? y ¿Cuándo tuvo ese Hijo, si no puede haber antes ni después en Dios?. Aquí es donde se presenta el problema, aquí es donde vamos a tener sutilezas que nos llevan a hacer precisiones de todas estas cosas.
Cuando nos preguntamos ¿Quién es Dios? El Hijo es el Pensamiento activo del Padre, y entonces no puede haber un antes ni un después. Ahora, es Hijo del Altísimo desde el principio, pero este principio es un giro hebreo para decir “desde siempre”: o sea que siempre ha sido Hijo del Altísimo, este siempre significa eterno. Tomemos nota que el significado más correcto del nombre sagrado es precisamente ETERNO, de aquí viene el que los hijos de Israel afirman: “YO SOY EL QUE SOY” ¿y qué significa eso?: “YO FUI, YO SOY, YO SERÉ”, y no se puede pronunciar: YHIIH, sólo se dice: EL SEÑOR.
En el Nuevo Testamento cada vez que citan alguna frase del Antiguo Testamento en el que aparece este nombre KYRIOS: el Señor. O sea que en el Nuevo Testamento Jamás van a encontrar este Nombre sagrado; pero cada vez que encuentren “el Señor nuestro Dios”, será Kyrios, el Señor, significando: el Todopoderoso.
Entonces, es Hijo del Altísimo eternamente, mas sin embargo, este es el Dios en la historia del hombre desde el vientre de María. Es el Logos de Dios, es el Pensamiento de Dios, es la fuerza activa de Dios racional, y por consiguiente, es la substancia divina. Por lo que cuando Juan dice que el Logos es Dios, y que lo era desde el principio, quiere decir que Este, a quien entre nosotros se conoció como Jesús es el Pensamiento Eterno y consubstancial del Padre.
Por eso es Dios, es el mismo Dios, es el único Dios. Sin embargo, no es lo mismo el Padre que el Hijo en la comunidad de Amor de la Trinidad, hay una unidad perfectísima e indisoluble, pero no confusión: el Padre no hace lo que el Hijo, el Hijo no hace lo que el Padre, y el Espíritu Santo es distinto del uno y del otro; son distintos los tres, pero son una sola realidad, por eso el Hijo es consubstancial al Padre, o de la misma substancia que el Padre. A propósito de estos conceptos, quisiera referirme a algunos antiguos documentos de la tradición cristiana que han sido la base para comprender a la Santísima Trinidad, y por lo tanto, a la Cristología entera.
Del Símbolo “Quicumque”: “Hay consiguientemente, un sólo Padre, no tres padres; un sólo Hijo, no tres hijos; un sólo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera , pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.
Pero es necesario para la eterna salvación creer fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. Es Dios engendrado de la substancia del Padre antes de todos los siglos, y es Hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Más aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación,...”.
El Símbolo Niceno ( Del primer Concilio de Nicea, 325):
“ Creemos en un solo Dios Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles; y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial al Padre, por quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo hombre, padeció, y resucitó al tercer día, subió a los cielos, y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo”.
Volviendo a nuestro estudio, esta es pues, la imagen de Jesús el Hijo de María e Hijo del Altísimo. Engendrado por el Padre antes de todos los siglos, y engendrado en María en el año 1 de la era cristiana; es Dios y...es Hombre.
En el Génesis donde se usa el hebraísmo “en el principio”, no significa “en el tiempo”, sino que su significado es ETERNAMENTE, y, por consiguiente ¿Cuál principio entonces? Es el principio de la creación: cuando se hace la primera cosa, cualquiera que sea, existe el movimiento, existe el antes y el después; pero Dios no se mueve, es inmutable, no tiene potencias, para pasar la potencia cuando hay movimiento, y entonces en el principio es eternamente el Padre creó los cielos y la tierra, desde su eternidad los crea, una vez creados: día primero, día segundo, día tercero, etc.; eso es lo que a veces no entendemos, y entonces cuando se nos dice “En el principio existía el Verbo”, pensamos que también primero fue el Padre, y después el Hijo, no eternamente como existen el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Ahora, cómo es esto:
Por ejemplo: cuando yo pienso, se generan y se almacenan datos en mí; pero primero tuve que existir yo con la capacidad racional, para que entonces pudiese yo conocer las cosas y apoderarme de ellas o relacionarlas, y sacar conclusiones. Entonces: primero estoy yo, y después está lo que yo conozco, lo que yo conozco siempre va a estar en dependencia de mí porque no va a tener la misma categoría ontológica, eso nada más es pensado, no existe tangiblemente y queda adentro de mí, sigue siendo consubstancial a mí, pero no soy yo, son mis pensamientos, es algo que me pertenece.
En el caso de Dios, no hay principio ni fin, no hay movimiento, todo es eternidad, y en la eternidad Dios se ve a sí mismo y se piensa y se conoce a sí mismo. Se piensa a sí mismo, y entonces, el conocimiento de Dios es un conocimiento perfectísimo, lo abarca todo y totalmente.
Los seres humanos, por ejemplo, vamos a dedicar toda nuestra existencia a estudiar medicina, podríamos llegar a conocer totalmente la medicina por las diferencias que puedan existir entre los diferentes tipos humanos y sus reacciones; entonces, una cosa es conocer total y otra totalmente. Yo puedo conocer a un amigo muy estimado, quizá toda su vida, pero no lo conozco totalmente ¿Por qué? porque sus pensamientos, sus intenciones, sus deseos, no los conozco. En Dios es al revés, en Dios se conoce todo totalmente y en un solo instante. Siendo de esa clase su conocimiento, y siendo el conocimiento no de las cosas inferiores sino de sí mismo, entonces ese conocimiento es tan perfecto que es un reflejo del conocido; el conocimiento y el que conoce son como un espejo uno del otro, pero uno se conoce y el otro lo conoció, son distintos, sin embargo, también es una sola sustancia; pero el conocimiento está en relación con el conocedor, pero no fue creado por el conocedor, sino que nada más procede del conocedor. Para comprender esto más ampliamente: se entendió a sí mismo y entonces surge el entendido, sin haber un antes o un después, es el reflujo dentro de la misma sustancia, se engendra, surge del Padre, pero no lo crea el Padre; crear algo es hacer algo de menor jerarquía que el creador, y entonces ya no sería la misma sustancia. En este caso, es tan perfecto el conocimiento, que el Hijo es el Padre, que el Hijo es el reflejo, lo que en teología es la impronta, la sombra del Padre, sin dejar de ser los dos una sola sustancia. Esto es la procedencia inmanente, ¿Por qué inmanente? Porque el Hijo procede del Padre, surge de Él, pero se queda dentro de la sustancia divina.
En la sustancia divina está la diferencia del Conocedor, el Conocimiento y el Amor, perfectamente distintos siendo un solo Ser. Sin que uno sea mayor que el otro, sin que uno sea antes que el otro. Sin embargo, el fundamento es el Padre, de quien procede el Hijo y el Espíritu Santo, la fuerza y voluntad es el Padre.
Se utiliza la palabra “engendrar”, para no utilizar la palabra “creación”, en la que se estaría hablando de una subordinación ontológica: el Padre mayor que el Hijo, el Espíritu Santo menor que el Hijo y que el Padre. Si en Dios existiera algo o alguien menor, ya no sería Dios; el único Dios sería el Padre, y por consiguiente, el Hijo y el Espíritu Santo serían semidioses, espíritus perfectos, pero no serían Dios.
En nosotros mismos está el reflejo de lo que es Dios. Para que podamos realizar alguna obra, necesitamos tener fuerza y voluntad, pero sin conocimiento y sin amor no se da la obra. En nosotros se da en niveles ontológicos siempre descendentes; en Dios se da en el mismo nivel ontológico.
Del Padre procede todo. Al engendrar el Padre al Hijo ontológicamente son una sola sustancia, porque es , ya se dijo , una operación inmanente. Pero cuando el Espíritu Santo opera en María para que se encarne el Logos, aquí ya hay un engendramiento, la operación de la voluntad divina, por la que en el seno de María, el Logos se vuelve un Hombre (hay que hacer a un lado el hebraísmo “se hizo carne”, cambiarlo por “se hizo hombre”, puso su morada en nosotros. Recordemos que ya había una morada en el Antiguo Testamento: el Santo Sanctorum. Ahora, nosotros somos la morada).
Entonces, el Verbo se hizo un Hombre y vivió entre nosotros como hombre, por lo tanto, Dios se hizo Hombre y vivió en medio de los hombres como hombre. Y aquí tenemos que decir, si es Dios el que se hace hombre para vivir como los hombres, no por este hecho dejó de ser Dios... es imposible que deje de ser Dios. La única cosa imposible para Dios es destruirse a sí mismo, o sea, en Dios no puede no quererse.Y entonces, cuando decimos que María engendró al Verbo, lo que decimos es que en ella se da lugar la Encarnación del Logos para que se vuelva perfectamente Dios y perfectamente Hombre.
Después de haber analizado todos estos conceptos, reflexionemos: ¿No debía entonces, cambiarse esa expresión “desde el principio”, y manifestar “desde la eternidad”, o mejor aun “Eternamente”. Lo que sucede es que siempre se ha pretendido ser lo más fiel a las traducciones, mas por esto los protestantes se equivocan tanto; porque una vez que se alcanza la perfección en la traducción, hay que buscar la profundización en el sentido de la traducción, por eso hacemos la distinción en ese “desde el principio”, lo entendemos como “eternamente”. En tanto que para los hermanos separados dice “en el principio” y ahí se quedan “en el principio”, o sea que, se quedan en el tiempo, no van más allá, porque no comparan el Capítulo primero de Juan con el Capítulo primero de Génesis; y los dos los mal entienden como “en el principio” “a partir de hoy en adelante, en el tiempo”; y no se dan cuenta que lo que se quiere decir es “eternamente”: antes de que todo existiera, esto, ya era.
Ahora la interrogante: ¿Para qué el Logos se hizo Hombre? Para compartir nuestra historicidad, toda nuestra situación. Y aquí empiezan las grandes cuestiones de los teólogos: en el principio la sustancia divina es impasible, es comunidad de amor.
Cuando los seres humanos amamos, amamos lo que no tenemos y lo queremos alcanzar.
Cuando Dios se ama, se ama a sí mismo y busca compartir lo que tiene con los demás, pero no porque necesite compartirlo, sino que por sobreabundancia es capaz de darle a los otros lo que ÉL tiene. Este Dios impasible, que so sufre, que no se altera, que no se comunica porque no puede ser transeúnte, todo es inmanente en la realidad divina interna. En el momento en el que es fecundado el óvulo de María, desde ese instante se vuelve dependiente, temporal, sufriente, anhelante, etc. Todas las carencias del ser humano las sufre, queda como adherido a las circunstancias de la materialidad. Si hubiese llegado a los ochenta años, hubiera sido tan encorvado como nosotros. Pero... todo esto ¿Para qué es? Si es el mismo Dios el que nos salva, ¿Cuál es la diferencia entre salvar, redimir, liberar? Si empezamos por redimir, sinónimo es “rescatar entonces, los hombres cometieron un pecado, los hombres por finitos, al ofender al Infinito, no le pueden pagar la ofensa infinita; se necesita que un perfectísimo infinitamente pague la ofensa infinita que cometieron los seres finitos. Para explicarlo más ampliamente, la ofensa que el hombre comete contra Dios, en tanto que una acción humana, es una mezquindad; pero en tanto al ofendido, es una ofensa infinita, por eso ni la humanidad entera de todos los tiempos podrán cubrir o pagar esa ofensa. Ontológicamente de otra manera: dividimos la esencia divina de la humana, ¿Cómo podemos despojarnos de la materialidad, para castigar a la divinidad? No se puede, no se tiene con que eliminar la materia; tiene que ser el mismo Dios el que baje, ÉL se convierte en materia, para pagar la ofensa. Pagando la ofensa, se rescata, se salva, se quita del lugar de los ofensores, y se le pasa al lugar de los hijos de Dios... ¿Para qué? Para que vuelvan a vivir como se vivió al principio: en cara a cara armonioso con Dios, la libertad perfecta. Por eso no lo puede hacer el hombre, porque el que ofendió es el hombre, pero para ser perdonado, la única manera de poderse hacer, es que Dios se haga Hombre, para que unido a los hombres se pague a Dios y se eleve a la humanidad.
En Isaías y en algunos de los otros profetas, se nos presenta la dualidad del Redentor, del Cristo, del Ungido de Dios, del Amado de Dios, del Elegido de Dios; Aquel a quien le va a dar todo el poder y al mismo tiempo el Siervo humillado de Dios. En parte es para presentarnos la doble naturaleza de la realidad del Cristo: es Dios, pero también es un Hombre, es el Libertador, pero tiene que sufrir para liberar, y para esto bajó, por eso se aparece en medio de nosotros. En toda la Escritura, se nos están continuamente presentando figuras de esta necesidad de redención; siempre estamos viendo que para que Dios no me mate, yo mato a un animal y se lo ofrezco a Dios, y le pongo las manos al animal encima para pasarle mis pecados y él muere por mí. Entonces el Eterno al hacerse como nosotros, en un acto sacerdotal, en un acto sagrado, cuando los hombres lo toman, lo lastiman, lo torturan, lo llevan al sacrificio, todos le están imponiendo las manos, nuestros pecados con ÉL, muerto. Le están haciendo lo mismo que se hace en el Día del Perdón: se toma al pobre animal y le dicen: “tú vas a morir por el pueblo”, lo dijo el Sumo Pontífice: “es mejor que un hombre perezca, y no que todo el pueblo desaparezca, que su sangre caiga sobre nosotros”. En el Día del Perdón, cuando se mataba al animal ¿Qué se hacía después para purificar? Se rociaban con su sangre, y entonces por la obediencia en medio de los desobedientes, por la humildad en medio de los soberbios, por la disposición Este consigne lo que todos los demás no pudimos hacer.
Y en nuestra ignorancia, le pusimos las manos encima para cargarle nuestras culpas, pero hicimos lo que teníamos que hacer, porque ÉL es el único capaz de cargar con todos nuestros pecados. Si no lo hubiésemos hecho, martirizarlo, matarlo, no se hubiera llevado a cabo la redención.
He estado escribiendo todo esto, y tengo deseos de llorar, referirme a Cristo, créanme... n me siento digna. Por nuestro pecados todos le pusimos las manos; entonces, nuestra soberbia ÉL la cambió por humildad, nuestra ira ÉL la volvió mansedumbre, nuestro dolor ÉL lo envolvió y nos sanó, nuestra tristeza ÉL la transformó en esperanza. Cristo Sacerdote, Eterno y Perfecto, Cordero Inmaculado, Siervo Doliente; así lo contemplamos en la impronta que ÉL nos regaló en la Síndone. Ahí está también estampada la dualidad de Cristo: golpeado, flagelado, coronado de espinas, clavado en la cruz, alanceado en su costado derecho, es el Hombre muerto. Pero también es Dios muerto, porque como Él dijo: “me matarán, pero resucitaré al tercer día”, y es aquí cuando lo vemos como Dios Vivo, Cristo glorioso y resucitado, ya que las técnicas más sofisticadas que han inventado los seres humanos, no han podido explicar cómo se formó la impronta de ese Cuerpo y esa Sangre que en la Síndone veneramos, pero que al estar siempre con nosotros en Sacramento magno de la Eucaristía, entonces esa Sangre y ese Cuerpo lo adoramos. Reflexionemos pues, no nos quedemos impasibles, ante la infinita importancia que tiene la Síndone, porque nos la dejó nada menos que el Infinito, como un Regalo de su Amor.
Con el derramamiento de sangre, el animal quedaba consagrado, y a los que se les rociaba la sangre también quedaban consagrados. El sacrificio hasta la muerte purificaba al animal,, lo consagraba para Dios, era divino de alguna manera; y los otros individuos que también participaban de la sangre, también se divinizaban, ya quedaban limpios, el sacerdote rociaba diciendo: “ya no hay ningún problema, tú estás perfectamente bien delante de Dios”, y eso con la sangre de un cordero, o de un buey, de algún otro animal.
En este caso, la Sangre del Cordero de Dios ofrecido en sacrificio hasta la muerte consagra a todos los seres humanos que creen en ÉL, para que entonces seamos parte de su propio Cuerpo; nos consagra a tal grado, que nos reúne como células de un sólo organismo. Cada uno de nosotros es parte del Cuerpo Vivo de Jesucristo, está consagrado para Dios, por eso es que somos sacerdotes, profetas y reyes como ÉL, porque somos ÉL.
Debemos de tener claro lo siguiente: se purifica a todo el ser humano, no solo el cuerpo, el perdón de Dios estaría en un dualismo, pues sería solo purificar cuerpos y no almas. El pecado no es una situación corporal, el pecado es una situación de violación de la Ley con el cuerpo y con el alma. Entonces cuando se perdona el pecado con el sacrificio o por la vía del perdón, se purifica completamente.
Pero todavía algo más fundamental que el sacrificio, es saber que ÉL viene a hacer todo esto, pero eternamente: el Hijo es obediente al Padre. Desde antes que se cometa el pecado, el Hijo aceptó redimir al hombre.
A pesar de saber, Dios crea, sabe que muchos pecan; hay muchos que no pecan, o hay muchos entre los que pecan que se arrepienten y se reconcilian.
NOTA: Dios nos crea no para que pequemos, sino para que seamos santos; pero comprende que por nuestra sujeción a las condiciones actuales de nuestra existencia, nos podemos equivocar, y por eso presenta las oportunidades para reformar lo que confundimos, y siempre tiene por amor la esperanza de que lleguemos a reencontrarnos con ÉL. Pero Dios no nos crea nada más por la esperanza, nos crea por la seguridad que tiene de que muchos de los que crea, la inmensa mayoría, van a poder llegar a ÉL. Dios no está jugando a los dados entre error y acierto, acierto y error, no. ÉL sabe que los que no tenemos la visión de la totalidad somos nosotros. Cuando se vive la pastoral, no nada más cuando se estudia, uno se da cuenta de que llega mucha gente entusiasmada, pero de esa gente solo quedan unos cuantos, pero por esos cuantos valió la pena. Si esto nos pasa a nosotros ¿Cómo será con Dios? Dios tiene la seguridad de que al hombre si se le sabe hablar, si se le sabe conducir, si se le sabe persuadir, puede llegar a la verdad y salvarse. El hombre puede ser heroico, se puede morir en la batalla cuando realmente ha encontrado la razón del Enviado.
Cristo, como ser humano, fue capaz de pasar por dificultades, carencias, necesidades, y sin embargo, ser íntegro, valiente, amar, enseñar, etc. La salvación de Dios no nada más se concentró en eso, esa es la clave; pero para poder salvar, para poder redimir, para poder rescatarnos, nos tenía que enseñar cómo debemos de imitarlo en todos los atributos y valores que Él nos manifestó. Y para que nosotros supiéramos que el pretender elevarse es un camino incorrecto; el camino de Dios es aquel que se humilla, porque de este modo se eleva ( recordemos el Cántico de María, que conocemos como La Magnífica).
Todas las obras de Dios , no son obras o del Hijo, o del Padre; son obras de la Trinidad. Por eso el Hijo se hace obediente al Padre, y obediente a los hombres. Nació en medio de un pueblo, de una mujer, sujeto a la Ley.
¿Cuál era la voluntad del Padre? Ser enviado, y Él obedeció.
Obediente a los hombres, para mostrarles lo que es el Amor de Dios.
El Padre sería glorificado, porque se vería el poder del Padre en el Hijo.
El Hijo quedó sujeto a todas las leyes de Israel y de Roma, por eso Él nació en Belén y no en Nazaret, porque por una ley su madre tuvo que viajar a Belén. Por otra ley tuvo que huir a Egipto; por otra ley tuvo que pagar impuestos; por otra ley: lo mataron. Nunca protestó.
Cristo dijo: “Aquí estoy para que se haga en mí tu voluntad” y ¿Cuál es tu voluntad? Que sea un ser humano, que pase por todas las necesidades y vaya venciendo a las dificultades para enseñar a estos hombres que se puede vivir con la cabeza en alto. Entonces, ahora nosotros comprendemos lo que significa la condescendencia divina para humillarse y hacerse como nosotros. No es el simple hecho de que me hice como ustedes, pero vivo con una coraza, y nada más aparento que soy un ser humano, y finalmente me sacrifico, pero no siento, no sufro. Eso no es: comenzó a sufrir desde el vientre de su madre, sobre todo en el último mes de embarazo. Luego ¿Qué pasa? Nace en medio de animales, y vive entre los pobres y nunca es reconocido. Nació en medio del polvo ¿Para qué? para que de en medio del polvo con la fuerza divina nosotros creciéramos, por eso Él nace de entre los pobres del pueblo, de entre los que viven en la miseria, y se alzó entre las naciones, todo es enseñanza de Cristo.
Por lo tanto, el camino para poder llegar a Dios, no está en las palabras de Jesús, sino en la Persona de Jesús: “Vean las obras que estoy realizando”, esto es lo que quiere decir Jesús, y esto es lo que tenemos que comprender.
Por eso todas estas cosas tienen un significado profundísimo desde el punto de vista teológico-filosófico; pero también se encuentra un significado extremadamente profundo desde el punto de vista emotivo en nosotros. Necesitamos enamorarnos de Cristo; pero para esto no podemos atorarnos con un escrito de Cristología o con un tratado de teología por muy profundo y por muy importante que pueda ser. Necesitamos reconocer al hombre judío, tal como era, para poder darnos cuenta que ese hombre, con esa fuerza, en ese pueblo de quien nosotros somos imagen y semejanza, no debemos huir de la realidad, debemos comprometernos, debemos sabernos responsables, porque seguimos a Cristo, porque somos Cristo.
Recordemos que cuando ÉL ya sabía que lo iban a matar, nunca quiso retroceder: “ ¿A dónde vas?- A Jerusalén, a donde el Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de los hombres”. Jesús revive a un muerto: es el dueño de la vida; devuelve la vista al ciego, es que ÉL nos puede abrir los ojos... ¿Qué es lo que está haciendo? Todo lo que los profetas habían dicho que iba a hacer; iba a ser el hombre que iría a cambiar toda la realidad y la iría a purificar. Es el Hijo del Hombre de Daniel a que se le da la vara de hierro, pero también es el consolador de Israel, es quien carga con los pecados del pueblo, es el que libera, es el consolador de los pobres, de los huérfanos y de las viudas. Es en los Salmos donde se nos dice que Dios es esto, es aquello, es lo otro, y... ¿en dónde se viene a ver todo esto? en Jesús.
Jesús dijo: “ El Reino de los cielos en medio de ustedes está”...¿Qué es el Reino de Dios?... cuando nosotros decimos “que venga a nosotros tu Reino” ¿Entendemos acaso lo que estamos pidiendo? Significa que deseamos regresar a las condiciones que teníamos antes del pecado, que se acaben las limitaciones, y que ÉL pueda otra vez vivir en medio de nosotros. Ir al paraíso no significa ir al tercer cielo, ir al paraíso es que aquí todos nosotros podamos contemplar, disfrutar, vivir la PRESENCIA DE DIOS. Teniendo en cuenta que Dios no nos creó ángeles; Dios nos hizo seres humanos para esta tierra.
Según el Apocalipsis “La Nueva Jerusalén”, quiere decir que los hombres no nos elevaremos al cielo; es el cielo que descenderá a la tierra, por esto, lo de venga a nosotros tu Reino, significa pedir que la realidad divina la podamos ver, contemplar, no quiere decir que nosotros nos olvidemos del mundo, y nos vayamos a una realidad etérea.
Por consiguiente, JESÚS ES EL REINO DE DIOS. Si el Reino de Dios fuese simplemente celestial, solamente la mitad de Cristo sería Reino de Dios, y la otra mitad, no. Significaría que en el Reino de Dios se destruiría la Encarnación del Hijo de Dios, para que el alma de todos fuera al Reino de Dios, y el cuerpo sería algo totalmente sin valor. El Reino de Dios el modelo está en Jesús, de cómo debe de ser y en ÉL va a estar la plenitud en el reinado celestial.
¿Por qué el Reino de Dios está en medio de ustedes? Al empezar Jesús su labor de conversión, el Reino de Dios estaba empezando a germinar en las mentes y corazones de los judíos contemporáneos a ÉL.
También el “venga a nosotros tu Reino” significa “que se haga tu voluntad en la tierra, como se hace en el cielo”. Quizá nunca habíamos reflexionado en estas dos peticiones; no son dos cosas diferentes, no es que venga tu Reino y que aparte se haga tu voluntad, no; venga tu Reino para que se haga tu voluntad tanto en la tierra como en el cielo.
Cristo es la traducción del hebreo Meshiah que significa “Ungido”.
Ungido en la tradición bíblica, es un título que no es exclusivo. El primero fue Aarón (Levítico), ya que siguiendo el mandato de Dios, Moisés lo unge con aceite para consagrarlo como sacerdote del Templo y del Reino de Dios. Una vez que fue ungido Aarón, constituido sacerdote, se consagra a todos los hombres, y se pueden consagrar las cosas, los animales mediante la unción. Todo lo que se unta con este aceite sagrado por los sacerdotes queda separado. A saber, en el sentido hebreo, la unción es santificación, pues señala destino, una tarea por realizar, una función determinada.
La santificación la realiza el profeta o el sacerdote, en nombre de Dios. En la unción el aceite es el símbolo del Espíritu Santo, que al colocarse sobre una persona, da el significado de que esta queda llena del Espíritu de Dios, y por lo tanto, ya no pertenece a lo común, ahora está consagrada al Señor.
Recordemos que el profeta unge a Saúl, y lo va a señalar y separar de los demás, para que sea rey de Israel. Cuando este rey de Israel se corrompe, Dios lo desecha y se unge a David. Un profeta unge a otro profeta, los sacerdotes ungen a los demás sacerdotes. No siempre las unciones son directas del sacerdote por medio del aceite. Hay unciones en las que Dios es el que señala, no se hace la parte visible o sacramental de la unción; sino que Dios llama directamente a una persona como en el caso de Jonás, que sin medie la unción, lo envía a predicar. De alguna manera Jonás está recibiendo el Espíritu de Dios para ir a cumplir la misión de hablarle al pueblo de Nínive. Es también el caso de JESÚS.
Jesús es el Mesías del que vamos a estar hablando, no recibe una unción de aceite, es la unción fundamental, eterna, que el Padre le confiere desde la vida íntima de la Trinidad, la vida íntima de Dios mismo. Entonces Cristo es señalado, separado para cumplir una función específica respecto del ser humano. Para que pueda cumplir esa misión necesita vivir como humano entre los humanos. Y entonces el Mesías eterno se hace Mesías histórico, porque lo que se busca es que los históricos se divinicen y lleguen a ser eternos.
Cuando Isaías dice: “ El Espíritu de Dios está sobre mí”, de alguna manera está señalando que ya ese que va a nacer en futuro, ya está ungido desde antes de que nazca. Mas cuando en el bautismo de Juan, la Trinidad se hace presente, se quiere manifestar ante todos los hombres, para que sean testigos de que el Espíritu Santo se posó (ungido) en Jesús (no porque lo necesite, porque ÉL eternamente está ungido, está lleno del Espíritu Santo porque es Dios), pero para que esto lo vean desciende en forma de paloma, se posa sobre ÉL delante de todos los que están en el Río Jordán.
De la misma manera sucede con los apóstoles, no reciben unción de aceite; pero en el día de Pentecostés, lo dice el mismo Pedro, fueron ungidos de lo alto, o sea, que fueron llenos del Espíritu Santo.
Por eso también se dice que Jesús recibe el Nombre sobre todo nombre; porque después de la Resurrección ya comenzamos a entender plenamente: ÉL es quien tiene el Nombre sobre todo nombre,...¿Cuál es? Dios, y decir Jesús es decir DIOS. antes de la Resurrección decir Jesús era decir el profeta, el maestro, alguien muy especial, muy distinto del resto de los hombres; pero los apóstoles no sabían plenamente quien era: “Yo y el Padre somos una misma cosa, el Padre actúa yo actuó, quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”, función divina y eterna, que los apóstoles no entendían. Resucita, se llenan también del Espíritu Santo, y entonces se dan cuenta de que el Cristo es Dios, y lo expresa Pablo con este simbolismo: “le fue dado Nombre sobre todo nombre”.
Desde el momento de la Encarnación todo es Dios, y todo es Hombre, todo es suceso histórico y suceso eterno. Por esto, María es Madre de Dios.
Pero todo esto es causa de que lo maten. Así vemos cuando el sacerdote conmina a Jesús: “ En el nombre del Dios Altísimo te pregunto ¿Eres tú el Ungido?”- “ Sí, yo soy, y he aquí que veo el cielo abierto, y a los ángeles del Señor sirviendo al Hijo del Hombre”(Mt 26, 63-64). Lo dice... pero no le entienden, y aun entendiéndolo en la profundidad de las palabras de Jesús, no lo comprenden, no lo aceptan. Es hasta después, cuando ÉL es el vencedor los escogidos, a los que ÉL llamó para ser testigos, entonces lo comienzan a entender.
Por lo tanto, este Ungido Eterno, que para los Eternos es Dios, co-eterno con el Padre y co-eterno con el Espíritu Santo; a los hombres se nos presenta como un hombre; necesitamos los hombres presenciar la unción, para que entonces digamos sí fue ungido por Dios para una misión. Pero necesitamos la profundidad de la revelación del propio Dios, para que entonces nos demos cuenta de que no es otro sino ÉL mismo, el Señor tu Dios que vendrá y te salvará, y así tendremos la noción del Dios Encarnado; aunque tardarán muchos años para que se vaya desarrollando la conceptualización teológica de la Encarnación del Verbo en el vientre de María.
En el Antiguo Testamento hay una palabra extraña “el impronunciable”; y como es impronunciable, entonces decimos ADDONAI: mi Señor, con el sentido del dominador, del fuerte, del que realmente es el soberano de todo lo creado, el dueño de la vida y de la muerte, el absoluto, etc. Como persiste en toda la tradición judía la costumbre de no nombrar a Dios; en el Nuevo Testamento cuando se cita a las Escrituras, por ejemplo el Salmo: “Dijo el Señor al Señor”, en hebreo sería: “Le dijo el Eterno a mi Señor el Rey, siéntate a mi derecha, mientras pongo a tus enemigos por escabel a tus pies”, y en hebreo se entiende, porque al leerse se da uno cuenta que son dos cosas diferentes. Pero... ¿Qué sucede en griego? “Dijo el Señor a mi Señor” dominativo y acusativo de la misma palabra, y ya no le entendemos. Pero en el sentido teológico lo comprendemos mejor: “ Le dijo el Padre al Hijo”, o sea que “ El Altísimo le dijo al Señor que vive en medio de nosotros...”. Por esto, ¿Cómo es que David le llama Señor, si es su hijo?, lo que sucede es que él está hablando del Eterno y de su Hijo.
En el Cántico de San Pablo: “El cual, siendo de condición divina,
no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.
Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo
haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre:
y se humilló a sí mismo,
obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz.
Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre
que está sobre todo nombre.
Para que al nombre de JESÜS
toda rodilla se doble
en los cielos, en la tierra y en los abismos,
y toda lengua confiese que CRISTO JESÚS ES SEÑOR
para gloria de Dios Padre (Fil 2, 6-11).
¿Por qué el Señor Cristo tiene el Nombre sobre todo nombre?
Jesús o Josuah quiere decir “YO soy el que está salvando”. Entonces Josuah es este Kyrios que ya en ÉL lleva el nombre sagrado: “para que todos al nombre de Jesús doblemos la rodilla reconociéndole como SEÑOR”.
El nombre Josuah es el cumplimiento de la profecía de Isaías: “El mismo Eterno vendrá y salvará”; por eso es una blasfemia espantosa lo que Jesús después llega a afirmar: “Me conocen a mí y saben de donde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero ustedes no lo conocen.
Yo le conozco, porque vengo de ÉL y ÉL es quien me ha enviado” (Jn 7, 28-29).
“Jesús les habló otra vez diciendo: Yo soy la luz del mundo;
el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).
Cristo como hombre es hijo de David; su ascendencia es preclara, porque por la sangre es hijo de Abram, y por consiguiente, es el que cumple y sella el pacto con Abram. Al llegar Cristo, y llevar al cumplimiento todo lo que se había escrito antes, lleva al cumplimiento a la perfección el pacto con Dios.
Entonces este es Shilo, el Mesías, eterno e histórico al mismo tiempo. Que se presenta, y en sus palabras nunca dice directamente SOY DIOS, prefiere utilizar el hebraísmo HIJO DEL HOMBRE:
“Mientras yo contemplaba: se aderezaron unos tronos, y un Anciano se sentó.
Su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana.
Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente.
Un río de fuego corría y manaba delante de él.
Miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban en pie delante de él.
El tribunal se sentó, y se abrieron los libros.
Yo seguía contemplando en las visiones de la noche:
Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un HIJO DE HOMBRE.
Se dirigió al ANCIANO y fue llevado a su presencia.
A él se le dio imperio, honor y reino,
y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará,
y su reino no será destruido jamás” (Dn 7,9-10; 13-14).
Hijo del Hombre significa “uno que parece ser humano”. Jesús jugaba con sus contemporáneos, les decía: “Yo soy ese Hijo de Hombre del que habla Daniel”: yo parezco ser humano, pero soy algo más que ser humano. O sea que no negaba la humanidad, pero le quería hacer referencia de Aquel a quien se le iba a dar el dominio, el poder de un reino eterno e iba a juzgar a todas las naciones.
Entonces Jesús no se presenta como Dios, pero se presenta como el HIJO DE DIOS desde el momento en que dice YO SOY EL HIJO DE HOMBRE. Lo que hace siempre es hablar acorde al hebreo, para no decir el Reino de Dios, porque es un nombre impronunciable, decía el Reino de los cielos o el Reino de lo alto: “En el nombre del cielo te pido que hagas esto”, quiere decir que “En el nombre del impronunciable te pido que hagas esto”.
Se dice el Hijo del Hombre y por lo tanto, va a ser quien va a cumplir esta profecía de Daniel, y les estaba diciendo estas cosas que realmente comprendían muy pocos; les está diciendo: “Yo soy el que viene de las alturas, en las nubes, y se presenta delante del Anciano, viene a dominar todas las naciones, viene a ser el Rey Eterno... ese soy YO, Jesucristo.
Cristo es Dios, pero se presenta siempre como el Ungido, no como cualquiera de los ungidos, sino como el Hijo del Hombre, como el Enmanuel, Yo soy el brote de Jesé, Yo soy el que tiene el Espíritu de Dios, Yo soy el Siervo del Señor, Yo soy el Rey que dominará. Se reafirma en el Nuevo Testamento que ÉL es ese Rey, desde el momento en que Lucas dice que va a ser el que va a heredar el trono de David su padre, y su Reino no tendrá fin. El propio arcángel a María, que tampoco entiende, le está anunciando el nacimiento de su Hijo como el descendiente de David, que va a ser el Rey Eterno, y el único Rey Eterno es el Hijo del Hombre, es Shilo.
Este Shilo, el Elegido o el Enviado ya desde Jacob, el profeta lo tiene presente como el Rey Eterno.
La figura que presenta Daniel, se repite en los Sinópticos: el Hijo del Hombre, con esa dignidad, el Hijo que va a heredar el trono de David, no porque se lo herede David, sino porque es el trono de donde va a reinar a los elegidos de Dios. Con esto recordemos lo que dice Jesús cuando se refiere al “juramento”: “No jures por el cielo, porque es el lugar donde mora Dios; no jures por la tierra, porque es el estrado de sus pies; no jures por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey” y cuando dice el gran Rey, no se refiere a David, se está refiriendo al Hijo del Hombre. Entonces, tiene que reinar en Sión, en la elegida, en Jerusalén, la ciudad de la paz, por eso será llamado PRÍNCIPE DE LA PAZ. Pero además tiene que venir ahí porque es el lugar que Dios escogió como el centro de toda la tierra. Recordemos en el Libro de los Reyes, capítulo 8, sobre la bendición del Templo: “Desde ahí escucharé a todos mis hijos, ahí está mi presencia”; entonces por eso la importancia de que el Mesías venga, el Salvador del universo venga y se haga Rey de los judíos, toma el trono de David su padre, pero lo toma como el Hijo del Hombre que es el Rey Eterno del universo.
Ese Rostro del Hijo del Hombre, del Siervo Doliente, cruelmente maltratado, pero bellísimo y majestuoso que podemos contemplar en la Santa Síndone, parece que nos está diciendo, así al oido para que reflexionemos y nos pongamos de rodillas, para alabarlo y adorarle: “YO SOY LA RESURRECCIÓN. EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE MUERA, VIVIRÁ; Y TODO EL QUE VIVE Y CREE EN MÍ, NO MORIRÁ JAMÁS”, y tú...querido lector ¿Estás consciente de esta grandiosidad?
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